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"Te
espero Kitsune"
Basado en
Slam Dunk
HanaRu
By Paz
El
cortejo fúnebre se fue dispersando por las sendas hacia la salida, en sus
rostros, la pena y la tristeza eran patentes, la muerte nunca era esperada ni
deseada excepto por cierto joven que tomo el camino más fácil, un desenlace
inesperado para un chico que por ley de vida tenía que haber vivido muchos años
más.
Solo
tenía diecisiete años y un futuro prometedor. Sus sueños de ser el mejor
basquetbolista del Japón se truncaron inesperadamente por su propia mano.
Hanamichi
Sakuragi estaba escrito en la piedra bajo la que reposaban sus restos mortales.
Finalmente solo quedo una persona, un chico de cabellos oscuros y mirada azul
que permaneció allí de pie, insensible a la lluvia inclemente que empezó a
caer sobre él.
-Do’aho…
-una única palabra que encerraba en si misma todo su mundo. La única razón
por la que le importaba vivir. Desde que tuvo en claro sus sentimientos hacia su
enemigo ¿enemigo? Aún no sabía la razón de su odio, solo tenía en claro que
cuando su mirada se posaba en él temblaba por dentro y
cuando sus puños golpeaban su cuerpo el dolor que sentía no era nada
comparado con el dolor de su alma, ¿Por qué me enamore del do’aho? ¿Acaso
porque era su polo opuesto? Él era el antisocial, el chico solitario y callado,
su espíritu se complementaba con él, alborotador, ingenuo
y amigo de un grupo de chicos a los que llamaba su “ejercito”
Le
falto valor para confesarle que le amaba, su mente y su corazón clamaban por
estar junto al pelirrojo, pero al mismo tiempo pensaba que nunca podía aspirar
a tener su amor. Sakuragi nunca amaría a un hombre y menos aún a su enemigo
publico nº 1, por el solo sentía odio, que ciego estuvo, si no hubiera sido
tan cobarde, si se hubiera enfrentado a sus miedos, estaba convencido de ver en
su mirada asco, de ser golpeado con fiereza y salir de su boca duras palabras
llamándolo “homosexual asqueroso”, ahora sabia que hubiera sido preferible
a aquel… aquel horror de descubrir su cuerpo ensangrentado, se cruzo de
brazos, al sentir su cuerpo estremecerse ante el recuerdo.
¿Qué
será de mi vida ahora sin ti? Como podré soportar el peso de la soledad, no
verte nunca más, un sollozo escapo de entre sus labios apretados. ¿Por qué lo
hiciste, Do’aho? ¿Por qué me has dejado así? No fuiste capaz de reconocer
el amor que sentía por ti, que todavía siento, y duele, una opresión en el
pecho que me impide respirar. ¿Por qué no me lo gritaste del mismo modo que
gritabas tu odio? Solo vivía para ti, fuiste la luz que iluminaba mi oscura
existencia.
¡Por
Kami, nunca sabrás hasta que extremo fuiste mi faro! La luz que apartaba las
tinieblas de mi alma, te ame con delirio, y también me consumí dentro de ese
amor, que algún día morirá dentro de mí. No, no quiero dejar de amarte se
rebelo ante esa idea.
Amor
imposible pensé. Él no amará a un hombre. Solo tiene ojos para esa chiquilla.
Nunca advertiste como te miraba, como me lastimaba conocer el interés profundo
que sentías por ella, el amor que asomaba en tus ojos apenas la veías. Lloraba
por dentro, mi corazón se estrujaba cada vez que te veía a su lado y aunque
mis ojos estaban secos lloraba.
No
soy nadie sin ti.
Mis
sueños no importan. Quise seguir siendo el mejor, porque te superabas por
ganarme y me hacia feliz ver tus progresos. ¿En que momento te diste por
vencido? ¿Cómo no lo vi?
-¿Dónde
estas, Do’aho? –mis labios se separaron para interrogar tu tumba.
-Aquí,
a tu lado. Te espero, Kitsune.
Las
palabras le sobresaltaron, las escucho con total nitidez.
-¿Quién
anda ahí? –se volvió mirando alrededor.
Estaba
solo, la lluvia había alejado a todo ser viviente, y sin embargo nuevamente
escucho las mismas palabras.
-Te
espero, Kitsune. No te demores.
-¿Eres
tú, Do’aho? –preguntó creyendo reconocer la voz, se acercó al monolito
con paso vacilante, deslizo su mano abierta por las letras impresas- ¿Hana?
–gimió.
Palpo
el bolsillo de su chaqueta sintiendo el crujir del papel. Una simple nota de
despedida que encontró junto al cuerpo sin vida de Hanamichi. Una declaración
de seis palabras “Te amo, Kaede “Kitsune” Rukawa. Perdóname”
-Yo
también te amo. ¿Por qué no hablamos? –se lamento- ¿Por qué fuimos tan
cobardes? Acaso tuvimos miedo de lo que la sociedad pudiera pensar de nosotros.
No
titubeo. Dolor. La lluvia cada vez era más fuerte y torrencial, estaba
totalmente mojado, sentía mucho frío, ya no importaba que se mojara, aquello
no le mataría, aquella idea consiguió que asomara en sus labios una suave
mueca que quiso ser una sonrisa. Ya carecía de importancia. Su cuerpo tembló
violentamente y sus piernas se negaron a sostenerle. No tenía miedo, sintió
una lasitud que iba invadiendo todos sus miembros, se dejo deslizar apoyándose
en la piedra hasta quedar sentado en la tierra empapada, junto a las ofrendas
-Hana
–susurró- Voy contigo.
Le
vió, de pie, sonriente, yendo a su encuentro.
-¡Hana,
eres tú! –una verdadera sonrisa asoma en sus labios. Es feliz, sus brazos le
rodean amorosos y el responde a su abrazo y su beso, su beso sabe a miel, dulce
y cálido.
Sendoh
corría por la vereda en busca de Rukawa, se dieron cuenta de su ausencia cuando
fueron a subir al autocar que les llevaría de regreso a sus casas. Le vió
sentado junto a la tumba, su rostro tenía una expresión nunca vista, se le veía
feliz, sonreía, su mirada bajo hasta sus manos, viendo como la sangre que salía
a borbotones era lavada por la lluvia y luego aspirada por la tierra, la lluvia
permitía ver los profundos cortes en las muñecas de Kaede. Y encima del
monolito, un afilado puñal de coleccionista, el mismo que había visto en su
piso.
-¿Por
qué, Kaede, por qué? –se preguntó Sendoh cayendo de rodillas frente al
muchacho dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
Así
le encontró Akagi cuando fue a ver que les demoraba.
HanaRu
13 de junio de 2003
Esta
basado en Slam Dunk, los personajes pertenecen a Takehiko Inoue, no saco ningún
beneficio utilizando sus nombres.