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¿Volverás?
Basado en Slam Dunk de Inoue
Takehiko
By Mya
~*~*~*~*~*~
Desde el gimnasio se podían oír los gritos del
capitán Akagi, los cuales iban generalmente dirigidos a cierto pelirrojo. Era
un entrenamiento como todos los demás: Hana le decía “gorila” al capitán,
éste se enojaba, Kogure intentaba calmarlo, etc., etc. Mientras, Kaede
practicaba tiros libres en otro tablero. Siempre igual, sólo que este día iba
a ser un poquito diferente.
Llegó
el profesor Anzai al lugar, todos lo saludaron respetuosamente, todos excepto
Sakuragi, quien se le acercó y comenzó a jugar con su papada.
-¡Hola
gordito! ¿Qué te trae por aquí?. ¿Acaso vienes a felicitarme por ser tan
talentoso o algo así?- decía Hana con su estrepitosa voz.
-No
Sakuragi, es para hacerle un aviso a Rukawa y a todo el equipo- respondió el
hombre.
-Bah...
si se trata del Kitsune yo mejor me voy...
-¿Qué
es lo que debe decirle profesor?- interrogó el capitán.
-Bien-
dijo mientras se acomodaba los anteojos –Rukawa ha recibido una beca de la
Universidad de Carolina del Norte- los ojos del zorro se abrieron enormemente -Sé
que tendrías que ir al finalizar la preparatoria, pero ellos quieren que la
termines en Estados Unidos, todo queda en tus manos.
Todos
se quedaron asombrados, incluso Hanamichi, quien se quedó pensando “¿El
zorro se irá?... ¡Qué afortunado es!... Bah... después de todo quizás se lo
merece... para variar un poco de esa miserable vida que tiene”.
-Luego
te espero en mi oficina Rukawa, para hablar acerca de esto.
-Sí-
nada más. Como era de suponerse, Kaede no demostraba ninguna expresión en su
rostro, ni en su voz, ni nada. Ahora los otros chicos estaban realmente
asombrados.
La
noticia se dispersó por toda la preparatoria Shohoku, y en tan sólo un día ya
se comentaba en todos los lugares de la Institución. Ahora Kaede era, más que
nunca, el centro de atención, de todas las miradas y comentarios.
Se
dirigió a la oficina del director Anzai para hablar acerca de la beca.
-Bienvenido
Rukawa, siéntate por favor- el joven de ojos azules le hizo caso y se sentó
frente al profesor –Estás aquí por lo de la beca. Bien, ¿qué piensas
hacer?.
Kaede
lo miró –Me iré- dijo con voz fría.
-Bueno.
Creo que así está bien. Es una muy buena oportunidad. Pero ¿no te sentirás
extraño sin tus familiares a tu lado?- el muchacho lo miró fijamente, fue así
como el anciano pudo darse cuenta –Entiendo. Entonces no me queda más que
decirte, sólo que espero que te vaya bien allá y que quiero que sepas que
siempre pertenecerás a Shohoku.
-Gracias-
el joven se levantó y se retiró de la oficina.
~*~*~*~*~*~
Cuando
llegó a su casa se recostó en su cama mientras pensaba en todo, especialmente
en la beca –Al fin podré irme de aquí y no ver nunca más a nadie. Por fin
algo bueno- se sentía un poco feliz quizás, después de todo era una muy buena
noticia. Se quedó largo rato así en la cama hasta que cayó profundamente
dormido.
Lo
despertó la luz de la luna llena, pues había dejado abiertas las cortinas. Se
estiró con pereza mientras miraba hacia la ventana de su alcoba. Observó el
reloj en su mesa de noche, eran las tres de la madrugada. Se sentía un poco
extraño por lo que se levantó y se fue a duchar. Comenzó a quitarse la ropa,
pues aún traía puesto el uniforme escolar, abrió la llave del agua y se metió
bajo aquella lluvia. El agua se resbalaba por su cuerpo, se sentía muy bien,
era extremadamente relajante. Estuvo bastante tiempo bajo la ducha. Cuando salió
se dirigió nuevamente a su cuarto. En el camino algo invadió su mente y un
nombre escapó de sus labios en forma de suspiro –Hanamichi... –él sabía
por qué había pronunciado ese nombre. Sabía que si se iba a Estados Unidos no
lo volvería a ver. Pero qué más daba, después de todo el basketball era su
pasión, su amor. Pero... ¿era tan así?. Él decía que sí, pero su corazón
a veces no actuaba como él deseaba.
-Nunca
fui bueno para estas cosas- murmuró mientras se acostaba nuevamente en su cama
–Tendré que aprender- luego de esto se quedó otra vez dormido.
~*~*~*~*~*~
Al
otro día, en casa de Hanamichi su madre lo llamó a las seis y media como solía
hacerlo. El pelirrojo se restregó los ojos con pereza mientras murmuraba cosas
como –No quiero ir a la escuela... no tengo ganas mamá.
-Anda
Hanamichi, no seas perezoso. Levántate y ven a desayunar- le decía su madre.
-Está
bien, está bien. Pero esto te costará algo- le dijo riendo el pelirrojo...
-Levántate
o al que le costará algo será a ti- la madre se acercó a la puerta y le tiró
el uniforme en la cara –Anda, chico talentoso, levántate que llegarás tarde.
Finalmente
Hana se levantó, desayunó y salió corriendo para la escuela porque
verdaderamente estaba retrasado.
Cuando
llegó a la preparatoria, se chocó con el chico de ojos marinos que venía en
su bicicleta –¡¡¡MALDITO IDIOTA!!! FÍJATE POR DONDE VAS ESTÚPIDO. VAS A
MATAR A ALGUIEN UNO DE ESTOS DÍAS.
Rukawa
solamente lo miró en silencio, se bajó de la bicicleta y se dirigió a
estacionarla donde solía hacerlo.
El
otro se quedó mirándolo intrigado –Y ahora... ¿qué le pasa a este zorro?
¿Se volvió más loco de lo que era?... ¡¡¡IDIOTA!!! ¡¡¡OJALÁ TE
MUERAS!!! ¡¡¡TE ODIO!!! - enfadado se dio vuelta y emprendió camino hacia la
puerta del edificio.
Rukawa,
quien seguía caminando llevando su bicicleta oyó aquellos gritos –Idiota...
la muerte no se le desea a nadie... – murmuró mientras cerraba el candado y
comenzaba a caminar hacia donde estaban los salones de clases.
~*~*~*~*~*~
Esa
tarde, Hanamichi no llegó al entrenamiento... Kaede deseaba verlo en estos
pocos días que le quedaban en Kanagawa, para quizás poder guardar algún
recuerdo de él, bueno o malo, solamente recordarlo. Se preguntó por qué no
había llegado, seguramente se había quedado haciendo alguna estupidez, por lo
que dejó de preocuparle.
Cuando
terminaron el entrenamiento y, posteriormente el aseo del gimnasio, Rukawa salió,
tomó su bicicleta y se dirigió a su casa. En el camino, iba completamente
sumido en sus pensamientos, fue por ese motivo que no vio en perro que se cruzó
en su camino y que posteriormente fue atropellado por su bicicleta.
-¡¡¡IDIOTA!!!-
gritó una voz muy conocida para Ru –¡¡¡MIRA LO QUE HAS HECHO!!!- Hana
corrió hacía donde yacía el perro y lo levantó en sus brazos.
Rukawa
lo miró indiferente y siguió su camino, si embargo sintió que una mano lo
tomaba del brazo deteniéndolo –¿Qué quieres?- Hanamichi soltó al perro y
lo dejó en el piso. Miró fijamente a Rukawa y luego lo golpeó de manera tan
fuerte como para tirarlo de la bicicleta.
-¡QUISIERA
QUE ME DIJERAS SI A TI TE AGRADARÍA QUE TE ARROLLARAN CON UNA MALDITA
BICICLETA!
El
chico de ojos azules se levantó y golpeó a Hanamichi con casi la misma fuerza
con la que había sido golpeado. Lo dejó tirado en el piso y se fue –No
perderé el tiempo contigo aunque te ame- murmuró ya a unos cuantos metros del
pelirrojo.
Mientras
tanto Sakuragi continuaba sentado en el asfalto con su perro junto a él
–Kaede... je... que paradójico... extrañaré estas cosas cuando se vaya...
–musitó mirando en dirección en la que se había ido el chico zorro.
~*~*~*~*~*~
Al día siguiente, Ru llegó unos minutos tarde
al entrenamiento. Allí estaba el pelirrojo, haciendo estupideces y presumiendo
de sus supuestas habilidades. Los demás estaban como siempre, entrenando en
paz, si se le puede decir paz a eso.
Afortunadamente
todo estuvo bien entre el chico de fuego y el de hielo, Rukawa procuraba
mantenerse alejado de Hanamichi porque sabía que si se le acercaba aunque fuera
a tan sólo unos pocos metros reaccionaría de muy mala manera y terminarían
peleando como nunca.
Sin
embargo, todos los esfuerzos del muchacho fueron en vano ya que el capitán
Akagi los obligó a quedarse aseando el gimnasio.
Igualmente,
intentaba no prestarle atención y limpiar lo más rápido posible. Cuando
terminó su parte del gimnasio se dirigió a las duchas. Tiempo después salió
con su bolso al hombro, vestía una remera negra y unos jeans del mismo color.
El flequillo, aun húmedo, caía sobre su rostro y se pegaba a él sensualmente.
No miró a Hanamichi, sólo pasó por el lugar en el que éste estaba y luego
salió dejando abierta la puerta corrediza. Minutos después el pelirrojo hizo
lo mismo y luego se fue a su casa.
~*~*~*~*~*~
Era casi medianoche, se había desatado
una
fuerte lluvia en todo Kanagawa, sin embargo, Rukawa decidió ir a practicar al
gimnasio de la escuela, ya que era la única cancha cubierta que conocía cerca
de su casa.
Cuando
llegó vio las luces encendidas, aun así decidió entrar al gimnasio. Cerca de
la puerta se podían oír los rebotes de un balón contra la duela, la puerta
entreabierta le permitió ver de quién se trataba, era ese do’aho pelirrojo.
No le importó, abrió la puerta y entró sin importarle lo que pudiera pasar.
Hanamichi
lo miró mientras Ru le daba la espalda
-Oye...
¿qué haces aquí?- preguntó el chico pelirrojo, el tono en que habló no fue
agresivo, sólo curioso.
-No
te importa estúpido- respondió fríamente Rukawa, mirando a Hana con
desprecio.
Al
oír y procesar estas palabras, Sakuragi se enfadó demasiado”¿Por qué me
respondes mal aunque yo te hable bien?” pensó antes de abalanzarse sobre el
chico de ojos azules y golpearlo fuertemente -¿Qué te has creído, zorro
apestoso? ¿Qué te dá la certeza de que puedes hablarme como tú quieras y
decirme lo que quieras? ¡¡¡TE ODIO!!!- de un rápido movimiento estrelló su
puño en el rostro del chico-zorro.
-¡¡¡Yo
le hablo a quien quiero como quiero y tú no eres la excepción idiota!!!-
contestó Kaede empujando a Hanamichi para quitárselo de encima –No me
molestes.
-Grrr...
te molestaré todo lo que desee, así cuando te vayas me recordaras- Kaede se
quedó en silencio mientras miraba al otro muchacho y mientras recibía un nuevo
golpe que le hizo sangrar la nariz, pasó su mano y vio en ella la sangre, luego
miró a Hanamichi a los ojos.
-Hijo
de puta. No quiero recordarte. No quiero verte nunca más... –murmuró muy
enfadado el muchacho de cabello negro.
-Dime
todo lo que desees, todo menos ‘Hijo de puta’, eso no te lo permito- el
pelirrojo estaba mirando al suelo y apretando fuertemente sus puños.
-¿Qué?
¿Acaso tu madre está muerta?- dijo burlonamente Kae, pero se arrepintió al
ver que Hanamichi movía su cabeza en señal de afirmación. Luego de esto, el
muchacho de ojos castaños volvió a golpear a Ru tan fuertemente como para
arrojarlo a la duela. Al caer al piso, Kaede cayó también a la realidad, se
dio cuenta de todo lo que había hecho y dicho. Y supo que no era eso lo que
deseaba. Se dejó golpear por el otro muchacho –Anda, desahógate, que sólo
quedan dos semanas para que me vaya.
-Por
supuesto que lo haré, así no podrás volver a jugar basketball nunca,
nunca más- siguió golpeándolo hasta hartarse, afortunadamente eso
fue antes de dejar a Rukawa inconsciente.
El
chico de cabellos negros miró al otro que aún estaba sobre él -¿Estás
satisfecho torpe?.
-No,
no lo estoy. Solamente estoy cansado de golpearte. Además, no me agrada hacerlo
si no te defiendes, siento como que estoy golpeando a un inválido y tú no lo
eres.
-¿Sabes?...
algún día esto terminará... estoy seguro- dijo Kae mirándolo aún a los
ojos.
-Lo
sé... kitsune- se levantó y se acomodó el cabello –Lo sé... –tomó el
bolso que se hallaba en una esquina del gimnasio y se fue.
Rukawa
se quedó sentado en medio de la duela mirando en dirección a la puerta que
Hana había dejado abierta –Yo también lo sé... .
~*~*~*~*~*~
Ya había pasado una semana del acontecimiento
del gimnasio, ahora sí que le relación entre Hanamichi y Kaede era extraña,
ya ni se miraban, ni se insultaban, era como si uno no supiera de la existencia
del otro y viceversa. Sin embargo eso era lo que se veía, porque los verdaderos
sentimientos e impulsos permanecían guardados dentro de cada uno. Todos se
preguntaban qué sucedía, pues a pesar de que no había peleas existía un gran
estado de tensión e incertidumbre, ninguno sabía cómo podía reaccionar
cualquiera de los dos en cualquier momento. Era realmente incómodo estar en
aquel lugar.
Cuando
las insoportables horas finalizaron y todos se fueron a las regaderas hubo unos
minutos de paz. Silencio, absoluto, pero tranquilo, quieto. Todos terminaron y
luego de vestirse se fueron. Kaede quedó solo. Mientras se secaba el cabello se
acercó al lugar en el que se hallaba su bolso, pues había visto a Hanamichi
cerca de allí. Miró y vio un papel mal doblado, lo tomó, lo desdobló y leyó:
“Todo
terminará el Jueves.”. Dejó el papel en donde estaba, se sacó la toalla que
traía a la cadera y se vistió rápidamente. Cuando estuvo listo salió del
gimnasio y se fue en dirección hacia su casa.
~*~*~*~*~*~
Los
días pasaron rápidamente y el jueves llegó al fin. Ru sabía lo que le
esperaba en ese gimnasio, pero aún así decidió entrar y enfrentar lo que
fuese.
Era
más de medianoche, las calles estaban vacías y todas las luces permanecían
apagadas, todas excepto las del gimnasio de la preparatoria Shohoku.
Abrió
la puerta y entró para enfrentar a aquel pelirrojo. Le sorprendió el hecho de
que trajera puesta la camiseta roja con el número diez.
-Ya
estoy aquí. ¿Qué era lo que querías?- dijo Kaede desde la puerta del lugar.
-Ja...
ya te he dicho zorro: Hoy va a terminar esto. Espero que estés listo, porque yo
sí lo estoy.
-¿A
qué te refieres?- cuestionó algo confundido Rukawa.
-Hoy
tendremos nuestra última pelea antes de que te vayas a Estados Unidos y no
vuelvas más. Tómalo como una despedida, un regalo de mi parte.
-Preferiría
una tarjeta... .
-Lo
sé. Pero siento la necesidad de pelear contigo por última vez. ¿Sabes? Eres
casi la única persona que ha podido resistir tanto a mis golpes y te considero
un buen oponente, aunque me moleste decirlo.
-Yo
pienso lo mismo de ti do’aho... –Kaede se acercó a Hanamichi, quien
inmediatamente lo golpeó en el rostro.
-Quiero
que des todo de ti kitsune otoko.
Así
comenzaron, los golpes iban y venían incesantemente, cada vez la fuerza era
mayor al igual que los daños que producían.
Un
puñetazo por parte de Sakuragi derribó al chico-zorro, quien quedó
semiinconsciente en el piso. El pelirrojo se colocó a horcajadas sobre el otro
muchacho y le sostuvo por las muñecas con sus manos.
-Quiero
que sepas algo. –comenzó diciendo el chico –Por más que te haya dicho
millones de veces que te odiaba y que deseaba que murieras, no era cierto. No sé
qué me pasa, pero sí sé lo que deseo.
-¿Qué
es?- preguntó Kaede un poco atontado aún.
-Quiero
que me prometas que volverás algún día a Kanagawa...
-Pero...
-Y
que también me prometas que me buscarás y que empezaremos desde cero para
poder ser buenos amigos...
-Sakuragi...
-Después
de todo, todos merecemos una segunda oportunidad, ¿no crees?- Ru asintió mirándolo
a los ojos. Hanamichi se levantó y le tendió su mano al otro chico para que se
levantase –Anda zorro, levántate- Kaede tomó la mano del pelirrojo y se
levantó de la duela –Me agradó este último encuentro. Creo que ambos lo
necesitábamos.
-Si,
es verdad- comentó el chico de ojos azules mirando hacia un costado del
gimnasio –Sakuragi...
-¿Qué
sucede... Rukawa?
-Hay
algo que quiero decirte...
-Dilo,
si no, no tendrás oportunidad luego.
-Es
que... no lo sé... yo... –Rukawa dejó de lado las palabras y sólo se limitó
a abrazar fuertemente a Hana, quien, asombrado, correspondió a dicho abrazo
–Te amo... –Kaede buscó los ojos de Sakuragi.
El
muchacho sonrió –Gracias- y luego de esto besó levemente los labios de aquel
chico que alguna vez pareció de hielo.
Rukawa
se alejó tomando la mochila que había traído consigo –Debo irme...
Hanamichi...
-Espera
Rukawa- de un rápido movimiento Sakuragi se quitó la camiseta roja con el número
diez –Toma. Después de todo es tuya. Yo recuperaré aquella cinta adhesiva.
Guárdala como recuerdo- luego de esto le lanzó la camiseta al zorro quien la
atrapó hábilmente.
-Gracias
por devolvérmela- nuevamente Kae se giró y se dispuso a abrir la puerta, pero
Hana lo interrumpió otra vez.
-Oye
kitsune...
El
chico de ojos marinos lo miró -¿Qué?
-¿Volverás?
-Por
supuesto, todos nos merecemos una segunda oportunidad- luego de decir esto
desapareció tras la puerta.
Hana
se quedó observando en dirección a donde el zorrito se había ido –Todos nos
la merecemos, Kaede- murmuró antes de salir del lugar.
FIN
~*~*~*~*~*~
Estos
días estuve a full, y aproveché mi “fin de semana largo” para terminar y
empezar algunas historias que salieron de por ahí.
Jeje...
la ‘Gran Mya’ no va a dejar de escribir por una insignificante úlcera
jajajajajajaja!!! Y más jaja!!!...
Bla...
Comentarios, sugerencias y maní con chocolate a mya_blue@hotmail.com
Nos
vemos...
Mya
Terminado
el 24 de Noviembre de 2003 a las 02:16 AM (me voy a dormiiiiiiiiir!!!)
Ah!
Me olvidaba, el “Nunca, nunca más” que aparece por ahí en cursiva, es la
frase que repetía el cuervo de Edgar Allan Poe
en el poema “El cuervo”
“...ha
aprendido
de
algún desdichado dueño a quien la impía desgracia
persiguió
hasta que su canto tuvo un único estribillo,
hasta
que su Esperanza fue responso el estribillo
de
ese «Nunca, nunca más»”