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"Rojo"
Basado en Slam Dunk
By Mickaelle
-Acércate—el muchacho se apretó contra el cuerpo del hombre, los labios entre abiertos, todo su cuerpo en un pleno gesto de entrega, el hombre enloquecido de deseo le acarició desprendiéndole las ropas, besó, lamió y mordió esa piel perfecta, penetró ese cuerpo con todas sus fuerzas, los gemidos eran música para sus oídos, lo hizo todas las veces que pudo hasta que su propio cuerpo le dijo no mas, le estrechó entre sus brazos mientras cedió a la fatiga, de hecho el muchacho ya dormía segundos antes que él.
Despertó y miró a su joven acompañante, por primera vez
recogía a un chico de la calle, este no debía contar mas allá de 15 o 16
años, los cabellos rojos caían desordenados sobre su relajado y hermoso
rostro, los labios húmedos y entre abiertos eran una tentación carnosa, el
cuerpo perfecto, perfección absoluta, mucho más formado, musculoso y alto de
lo que se esperaría para su edad.
En fin, amanecía, tenía que volver su departamento y luego ir a la oficina, ni siquiera aun le había pagado al chico, se levantó y empezó a vestirse, el chico despertó, no le miró, sólo también buscó sus ropas.
-Toma, estuviste magnífico—le entregó un billete de cien, mucho más de los 25 que el chico le había pedido, este lo guardó en su jeans sin mirarle—oye rojo, ¿siempre estas en el mismo lugar?.
-Casi siempre—respondió con voz monocorde, ya estaba listo caminó hacia la puerta para marcharse.
-Espera, te acerco en el carro—dijo y se le adelantó, esos ojos marrones se fijaron sólo un segundo en los de él y se estremeció, había vacío y tristeza--¿hacia donde?.
-El parque de la 15 norte—contestó subiendo al elegante carro, hacía frío, se acurrucó pues sus ropas eran demasiado livianas, el hombre pareció notarlo y subió la calefacción.
-Mi nombre es Adrian, ¿cuál es el tuyo?.
-Todos me dicen rojo—musitó, la mirada de esos ojos increíblemente azules le hizo vacilar—no me gusta mi nombre, Adrian, llámame Mishi, así me decían antes, si quieres.
-Ok—el chico seguía acurrucado, se veía tan indefenso, en la noche había sido fuego, una braza total, ahora, ahora volvía a ser solo un chico—quiero verte nuevamente—paró el carro—espera aquí, unos minutos, por favor.
-Ok—cerró los ojos, era temprano aun llegaría a tiempo, la puerta volvió a abrirse y el aroma a la loción inundo su nariz, dándole placer.
-Ponte esto, Mishi—le pasó lo que acababa de comprar, el muchacho abrió los ojos y le miró entre sorprendido y confundido—póntelo—sacó el suéter y se lo pasó, le quedaba perfecto—y esto también—se puso el deportivo térmico—así no tendrás frío.
-Gracias, gracias—le tembló la voz, el hombre sonrió y puso en marcha el carro, en 5 minutos estaban en el lugar que él le había indicado—aquí esta bien, vivo cerca.
-Te llevo a tu casa.
-No, no, mejor no—si le veían bajar de un carro lujoso le quitarían el dinero y la ropa—aquí está bien…
-Ok, quiero verte nuevamente, toma es mi teléfono, llámame a las 7, y te paso a buscar donde estés, Mishi—el chico tomó la tarjeta y la guardo en su calceta--¿lo harás, cierto?.
-Sí, lo haré—bajó del carro aguantándose las ganas de abrazarle, no debía confundir, sólo se trataba de un cliente más amable, nada más.
Nadie había despertado aun, pero claro él ni siquiera
ocupaba una habitación dentro de la casa, sino detrás de ella, entro al
pequeño cuarto, se cambió rápidamente al uniforme de la escuela, pero se puso
bajo la chaqueta el suéter, era de suave y abrigadora lana, suspiró, dobló lo
mejor posible el térmico y lo metió en el bolso deportivo y tomando éste
salió corriendo camino a la escuela, de pasada compró un emparedado y un
café, a unas calles su rostro cambió, una sonrisa se instaló en su cara y una
mirada algo boba reemplazó a la melancólica.
-He… te esperábamos anoche—los cuatro chicos literalmente se le arrojaron encima riendo.
-No pude salir, bakas, suéltenme—gritó y empezaron a empujarse y reír, una situación común que todos los de la escuela conocía, ese grupo bullicioso, peleonero era conocido al igual que su pelirrojo líder, más violento y fuerte, que se había enfrentado a chicos de cursos superiores y los había vencido a todos.
Las clases como siempre fueron algo aburridas y confusas,
pero en fin, nadie esperaba que él entendiera un comino, sólo veían a un
chico fanfarrón, violento y poco inteligente, eso bastaba.
Se colocó la ropa para entrenar y corrió al gimnasio,
actuó como siempre, peleando, recibiendo los golpes de siempre del capitán,
gritó como siempre que era un talentoso, haciendo oídos sordos a las burlas,
pero devoró cuanto podía del juego, de cada movimiento perfecto hecho por los
jugadores, todos más expertos, aun de ese que le miraba a veces con desprecio y
fastidio, claro, fallaba, pero no era por torpeza, aunque prefería que así lo
creyesen, era por cansancio, por no haber dormido y porque aunque era fuerte, a
veces le dolía el cuerpo.
-Otra vez y ahora presta atención—gritó el capitán del equipo, molesto porque el pelirrojo no llegaba a encestar, después de mostrarle tres veces el tiro—terminamos, tú te quedas y practicas.
-Esta bien—tomó el balon y lo acarició, cuando los otros abandonaron la cancha empezó a practicar, una y otra vez, hasta que finalmente lo logró, suspiró, miró el reloj del gimnasio, las 6, 30, corrió a las duchas, era uno de sus placeres más esperados, el agua caliente corriendo por su piel, a las 7 ya cambiada las ropas entraba aun Mac donald. Llamando del teléfono publico.
-Hola, Adrian…
-Mishi, ¿dónde estas?—había esperado esa llamada todo el día, por alguna razón, no podía sacarse de la mente esos ojos marrones.
-En la 21 centro, en el mc donald—contestó.
-Bien, estoy allá en 20 minutos a lo más, come algo por mientras.
-Ok—colgó y fue por una hamburguesa y una soda, las disfrutó, pocas veces tenía el dinero suficiente para comer algo así, acababa de terminarla cuando vió el carro entrar al estacionamiento, así que salió de inmediato a su encuentro—hola…
-Hola, sube—el chico llevaba la ropa que le comprara, claro que al verle era evidente que eso no bastaba para mantenerle calientito, los jeans eran muy viejos y gastados y para que hablar de las zapatillas—esta vez iremos a mi departamento, pero antes necesito hacer una parada, ven conmigo…
-Ok—entraron a una tienda, siguió a Adrian, le vió tomar unos jeans y unas zapatillas y dirigirse a los probadores.
-Pruébatelos—le dijo empujándolo suavemente.
-Sí—era muy extraño, nunca antes le habían comprado ropa, se los probó, le quedaban perfectos, Adrian además le pasó unas calcetas de lana que también se puso, cuando salía vió que estaba pagando—gracias, no era necesario…
-No me gusta verte con frío—explicó, volvieron al carro, esos ojos ahora tenían un brillo dulce, vaya que le hacía sentir bien eso.
Miró a Adrian, era un hombre, de unos 25 a 27 años, alto y
fuerte, atractivo sin lugar a dudas, sin necesidad de recoger un chico de la
calle, cabellos oscuros y ojos muy azules, emanaba de él fuerza y confianza,
entraron al estacionamiento de un elegante edificio del centro, subieron en el
ascensor al piso 20, al entrar al departamento se sintió apabullado, nunca
había estado en un lugar así de lujoso.
-Siéntate, te serviré algo de beber—fue al bar y mezclo una bebida frutal con un toque leve de alcohol, para él se sirvió un vodka triple—toma, espero que te guste…
-Um, esta rico—musitó bebiendo un sorbo—tu departamento es hermoso.
-Gracias, tuviste un buen día—dijo a la vez que le acariciaba los cabellos, lo que hizo que el chico de inmediato se le acurrucara en los brazos.
-Si, no estuvo diferente a otros—buscó esos ojos azules y al encontrarlos, se irguió un poco y ofreció sus labios los que fueron de inmediato atrapados, su lengua enredada en la otra tan hábil, las manos que le acariciaban, sin prisa, brindándole placer, era aun más extraño, Adrian parecía buscar el darle placer, suspiró y sintió como una de esas manos se metía bajo sus ropas y le acariciaba el torso, un estremecimiento le recorrió de pies a cabeza—me gustas…
-Ven, Mishi—se puso de piel y sin dejar de abrazarle y besarle le llevó a su habitación, le desnudo con lentitud, sin desprender sus labios de los del muchacho, cuando le tuvo desnudo le hizo recostarse en la mullida cama, se desnudó y se tendió a su lado, le abrazó dejando correr sus manos por esa piel, sintiendo como todo el cuerpo del chico le respondía, se plegaba y cedía en busca de entrega—déjate hacer…--le susurró al oído y empezó a recorrer esa piel con sus labios, gozando de su sabor y de cómo se estremecía, le acarició el sexo erguido mientras sus labios lamían y succionaban los pezones, le masturbaba con lentitud, quería que ardiera, que todo ese cuerpo fuera presa del placer absoluto, buscó esos ojos y eran verdaderas brazas, mientras los gemidos escapaban de esa garganta, pidiendo más, le hizo separar las piernas, su lengua caliente se deslizó por el vientre, llegando al miembro palpitante que acaricio en toda su extensión, saboreo la tersura de esa cabeza hinchada como una ciruela madura, su mano apretó los testículos y acaricio las nalgas perfectas, sometía a la total excitación a ese cuerpo joven.
-Por favor, por favor, hazlo, hazlo—suplicaba sintiéndose quemar, el cuerpo doliéndole ya de tanto deseo—por favor…
-Si, de inmediato—musitó con voz ronca y le separó las piernas, alzo las caderas del muchacho sus dedos hurgaron en la entrada haciéndola prepararse y cuando consideró que estaba listo le penetró, su miembro entrando pujante dentro del estrecho conducto, siendo masajeado por los músculos internos del muchacho que gemía y se movía ayudando a esa irrupción total—así, así mi hermoso Mishi…--le llenó inundándole con su torrente, bebiendo de esa boca ansiosa por agradecer el placer compartido y le mantuvo entre sus brazos, ambos sintiéndose fatigados, era solo un chico del cual no sabía nada, que se iba por dinero y que despertaba dentro de él deseos de protegerle—dime que haces en el día, Mishi…
-Voy a la escuela pública, curso primero de prepa.
-¿Con quien vives?—se sintió estremecer y le apretó mas contra si.
-Mi madre y su nueva pareja, ellos dejan que ocupe un cuarto al costado de la cochera—musitó siendo sincero—solo causo molestias, así que trato de estar lo menos posible…
-Saben que andas en la calle…
-Sí, ellos me dijeron hace unos meses, que debía salir a la calle a ganarme el pan, que nada era gratis, que si quería tener un cuarto tenía que pagarlo—musitó ocultando el rostro en el torso del hombre que le acaricio la espalda y le besó los cabellos—poséeme de nuevo, por favor…
-Mishi—le alzó el rostro y unió sus labios a los del muchacho que besó con ansias, sus cuerpos se volcaron a darse placer, una y otra vez, más tarde avanzada la noche, y con Mishi dormido en sus brazos, le acarició sutilmente el rostro y los cabellos, siendo menor de edad, no podía simplemente llevárselo a vivir con él, de hecho el solo follárselo era un delito, pero entendía la situación a la que estaba enfrentado el muchacho, quería, sentía la necesidad de protegerle, al menos hacerle la vida menos difícil.
Amanecía cuando despertó, nuevamente había pasado la noche
con Adrian, ese hombre le hacía sentir tan bien, hasta le daba un poco de
miedo, entrecerró los ojos, repitiéndose mentalmente, es solo un cliente, uno
muy amable, increíblemente cálido, pero nada más, nada más.
Le sintió estremecer entre sus brazos, así que le cubrió mejor con la ropa de cama, los ojos marrones se abrieron mirándole con intensidad—buenos días hermoso, ¿tienes hambre?.
-Sí, buenos días—sintió que se sonrojaba, nunca antes le había pasado con un cliente, Adrian le sonrió y depositó un par de besos en sus párpados.
-Sigue en la cama, traeré el desayuno—10 minutos después entró con una bandeja con un delicioso y abundante desayuno, siendo recibido por la más hermosa mirada del muchacho—a comer.
-Está delicioso—dijo tras beber un sorbo de café con leche, habían panecillos dulces y salados que devoró con placer—perdón, es que…
-No te disculpes, los traje para que le los comieras—dijo acariciándole los cabellos con dulzura--¿a qué hora empiezan tus clases?
-A las 8, 30—eran recién las 7, pero se encontraban alejados de la escuela—tengo que irme ya…
-Sería mucho si te pido que hoy faltes—preguntó a la vez que dejando a un lado la bandeja le atraía hacia sí y le besaba—quiero llevarte a una tienda y comprarte un uniforme de invierno, seguro que el que tienes es de verano—el muchacho se sonrojo y asintió—me gustas mucho, Mishi, no quiero que vuelvas a la calle, te daré 300 dólares a la semana, un localizador y ropa, dependiendo de mi trabajo, puede que nos veamos varias veces en la semana o quizás una, estas de acuerdo…
-Hablas en serio, ¿de verdad?—no podía creer eso, pero la mirada transparente de Adrian no dejaba dudas—claro, me gusta mucho, sí.
-Perfecto entonces, aun es muy temprano para levantarse—dijo metiéndose de nuevo a la cama y abrazándole.
Hacía dos semanas que no veía a Mishi, había salido de la
ciudad y recién regresaba, le envió un mensaje por el localizador, en menos de
dos minutos el teléfono sonaba, desde hacia un año que tenían esa extraña
relación, un poco mas que negocio un poco menos que amantes, no le exigía
exclusividad al muchacho, era joven, seguro que debía tener sus líos, pero ya
no era por necesidad, él por su parte, tenía sus aventuras, no quería llegar
a enamorarse del muchacho, pero cuando le tenía en sus brazos nada era
comparable, ningún amante anterior o posterior podía entregarle ese nivel de
placer.
-Adrian—se le arrojó a los brazos al abrir éste la puerta del departamento, eran ya dos semanas que se le habían hecho eternas, le cubrió el rostro con besos apretando su cuerpo estremecido contra él—te extrañé…
-Yo también, hermoso—abrazados se dirigieron al cuarto, desnudos en segundos, placer y entrega, sin pensamientos, sin palabras, solo entrega.
Se escuchó el timbre final, el ultimo partido del campeonato los gritos de triunfo, los jugadores felicitándose, el pelirrojo dio un par de pasos y sintió que ya no podía más, el dolor era tan intenso, se mordió los labios hasta hacerlos sangrar y las rodillas se negaron a sostenerle mas, aun cuando estaba en el suelo apoyado en sus rodillas y manos, nadie parecía percatarse de que estaba mal, claro todos pensaban que era de emoción por el triunfo, gimió—Adrian—todo se convirtió en un borrón ante sus ojos y se desmayó.
Despertó, estaba en un hospital, aun dolía más—duele…
-Tranquilo, muchacho, ya viene el doctor y te dará más sedantes—el profesor se inclinó y le despejó el rostro de algunos cabellos—tienes una lesión en la espalda, por eso duele, el seguro de la escuela cubre tu tratamiento, quieres que llame a alguien…
-En mi bolso, hay un celular—susurró, realmente dolía--¿cuánto llevo aquí?
-Dos días, toma—el chico tomó el teléfono con mano temblorosa y marcó un numero, se alejó unos pasos para darle privacidad.
-Adrian, estoy en un hospital, no sé--gimió sintiendo que no podía aguantar las lágrimas—profesor, ¿cómo se llama este lugar y el numero del cuarto?
-Santa catalina, cuarto 521—salió un momento para decirle a los muchachos del equipo que aguardaban afuera que por fin el muchacho había despertado.
-Hospital santa catalina, cuarto 521, te necesito—dijo con voz quebrada, escuchó unos segundos y cortó, las manos le temblaban, como pudo dejó el teléfono a un lado y lloró, por que dolía como nunca antes y tenía miedo.
-Profesor, ¿cómo está?—se acercaron ansiosos a preguntar.
-Despertó recién, le duele, es evidente, ahora estaba llamando a alguien, habrá que hablar nuevamente con el médico--en eso el medico se les acercó con los ultimo resultados de los exámenes practicados—doctor ¿como esta?.
-La lesión es grave, lo ideal es una cirugía con láser lo más pronto posible, por lo que me explico la caída la tuvo al terminar el partido pero, la lesión se produjo al menos 20 minutos antes, como no dejó de jugar pues el desgarro y la fractura se agravaron—explicó—iré a verle ahora, vayan a sus casas mañana podrá quizás verles, muchachos, hoy no lo recomiendo.
-Ya oyeron, vayámonos, mañana vendremos a verle—dijo el profesor arrastrando a su equipo que estaba reacio a dejar el hospital.
-Hola, soy tu médico, ¿mucho dolor?
-Si, duele mucho—gimió, tratando de contener las lágrimas que igual seguían fluyendo de sus ojos.
-Te colocaremos mas calmantes, te hiciste una feísima lesión, debiste dejar de jugar en cuanto sentiste el primer dolor en la espalda, muchacho, tienes un desgarro y una doble fractura discal, con compromiso del nervio, te estoy programando para una cirugía—el muchacho palideció—tus padres, ellos deberán firmar la autorización.
-Yo soy independiente, solo que el papel no lo tengo aquí—en eso la puerta se abrió y entró Adrian que de inmediato se le acercó—yo…--fue como si un dique se rompiera, estalló en llanto angustioso, los brazos cálidos le estrecharon acogedores, y las manos le acariciaban los cabellos.
-Ya, mi pequeño, ya—le consolaba, miró al médico que parecía analizar de quien se trataba--¿qué le sucede?, mi nombre es Adrian Leroms, me haré cargo de todos los gastos médicos…
-Entiendo, el joven tiene un desgarro lumbar grave, doble fractura discal grave, también, debemos llevarle a cirugía lo antes posible, pero como el seguro de la escuela…
-No es necesario pagaré todo, solo quiero que tenga los mejores médicos y tratamiento—afirmó preocupado en extremo--¿qué necesitamos ahora?
Pues en el hospital no habrá pabellón disponible hasta 48 horas, en la clínica Mansone esta uno de los mejores equipos en este tipo de lesiones.
-Entonces arreglemos lo necesario para su traslado inmediato—afirmó, mientras tomaba su celular y hacía una llamada a su secretaria.
-Adrian, tengo miedo—susurró cuando ya ambos estaban solos en el cuarto en espera que llegaran para trasladarlo.
-Tranquilo, mi pequeño, yo me encargaré de todo, no me separaré de ti, me tienes a tu lado, no temas, ok—le besó con dulzura, el muchacho gimiendo respondió, al separarse de esos labios, limpió las mejillas de las lagrimas y le sonrió tranquilizador—todo saldrá bien, esto será pronto solo un mal recuerdo.
-Permiso, le pondré los sedantes—informó la enfermera—dormirás durante el traslado, ok, no te preocupes, no hay mejores médicos que los que te trataran en la clínica.
-Gracias—musitó, sus manos estaban entre las de Adrian, sintió como lentamente los medicamentos hacían efecto, buscó la mirada de este y—no me dejes, te amo…
-Mishi—musitó sorprendido por esa palabra, el muchacho ya estaba dormido, suspiró, no podía definir el nivel de angustia que había sentido al saber que estaba en un hospital, ahora mismo al verle tan frágil, le acarició el rostro, había luchado por no enamorarse de ese muchacho, pero sabía que lo que sentía era mas profundo que simple deseo, ahora esas palabras, desechó cualquier posibilidad de creerlas, solo estaban dichas por el temor y la necesidad de tener a alguien en un momento así..
Miró nuevamente su reloj, las 5 a.m., llevaba ya 6 horas la
operación, llevó a sus labios el café y lo bebió de un sorbo al ver que se
acercaba el médico que encabezaba el equipo--¿cómo está?.
-Estable, todo marchó como lo esperábamos, la recuperación
será muy lenta, hay riesgo de infección así que le estamos suministrando
altas dosis de antibióticos, además la rehabilitación también será larga,
aún no ha despertado pero puede verle—le indicó que fueran a la habitación—le
mantendremos inmovilizado por unos dos días, es una lesión extremadamente
dolorosa, se le aplican altas dosis de calmantes es muy importante que su estado
de ánimo sea alto…
-Entiendo, gracias—al quedar a solas se sentó al lado de la cama y tomó entre sus manos la de Mishi, tan frágil, cómo alguien con un metro noventa y un cuerpo formado por el deporte en un segundo podía verse tan frágil, en menos de dos semanas cumplía 18 años, había preparado una hermosa sorpresa para festejarlo, pero ahora todo tenía que ser postergado, lo más importante era que se recuperara.
-Hola, hermoso—una leve sonrisa trató de dibujarse en ese rostro—todo marchó bien, estarás así unos días, luego empezaras la terapia, vinieron algunos de tus compañeros cuando dormías, así como el entrenador.
-Gracias por estar aquí, Adrian—susurró, solo tenerle cerca le tranquilizaba—gracias…
-No tienes nada que agradecer, pequeño, solo descansa, debo ir a la oficina, pero vendré después en la tarde—le acaricio los cabellos—nos vemos más tarde.
-Sí—cuando quedó solo en ese cuarto suspiró, le había
dicho que le amaba, necesitaba que él lo supiera, había tenido tanto miedo de
no poder decírselo, ahora al despertar le había tratado con cariño pero no
había dicho esa palabra, no la había dicho. Cerró los ojos mordiéndose los
labios, mas de un año siendo solo de él, viviendo por él.
Tres meses después caminaba hacia la preparatoria, se iniciaba el ultimo año, había estado en terapia en la capital, apenas había tenido un par de comunicaciones con Yohei y con el profesor Anzai, ahora regresaba, al acercarse a la entrada del edificio los rostros volteaban a verle, había expectación y curiosidad.
-Sakuragi—corrió y se emparejo con su amigo—por que no me
llamaste para avisarme que vendrías…
-Llegue anoche ya tarde—contestó dedicándole una semi sonrisa—discúlpame Yohei.
Te ves más delgado, pero bien, los muchachos estarán felices de verte—la mirada de su amigo era tan distinta, algo muy profundo dentro de él había cambiado.
-Sakuragi—era Haruko que sonriendo se le acercaba—que bueno verte recuperado.
-Gracias, Haruko—le sonrió sin dejar de caminar, miró a Yohei--¿ya asignaron los salones?.
-Sí, te acompaño a la oficina del inspector de grado—le hicieron un gesto de despedida a la muchacha—en una de esas quedas con ella…
-Quizás—dijo sin la menor emoción, llegaron a la oficina—buenos días, Sr. Evades me podría informar cual es mi salón.
-Por supuesto Sakuragi, me alegro verte recuperado—miró en sus listas—salón 7.
-Muchas gracias—salieron.
-Mi salón es el 11, lastima no estaremos juntos, los del equipo de basquet estarán felices al saber que cursaras el año…
-No creo, no jugaré—dijo como si nada, ya estaba frente a la puerta del salón 11—nos vemos en el descanso.
-Claro—le vió entrar, acababa de decirle que no jugaría basquet con una tranquilidad que le asombró, tenía que conversar con su amigo.
Entró al salón, muchas miradas se concentraron en él,
detrás entro el profesor así que volteo a mirarle—Sr. Me indica donde
sentarme.
El puesto a la izquierda de Rukawa esta libre—no terminaba de decirlo y recordó que esos dos muchachos se peleaban.
-Gracias, Sr.—esos fríos ojos azules le miraron por un
segundo, pero no le importó, simplemente se sentó en el puesto asignado y
siguió la clase en silencio, termino esa clase y no salió, se quedó ahí
sumergido en el vacío de no pensar.
-Dohao—estaba por terminar el descanso y al regresar al salón seguía en la misma posición ese pelirrojo, con la vista ausente--¿te sientes bien?.
-Si, gracias por preguntar—respondió formalmente.
-…--parpadeó asombrado, esa no era la respuesta que
esperaba, ni un insulto, nada, solo una formal respuesta, que le estaba pasando
a ese torpe.
El profesor de ciencias anuncio que tendrían que trabajar en parejas y que estas serian sorteadas, en minutos todos estaban asignados, Rukawa miró a Sakuragi, les había tocado hacer el trabajo juntos, ahora este anotaba las instrucciones del mismo, algo estaba muy mal, antes habría hecho un gran escándalo, dejando todo pies arriba por solo estar en el mismo salón, ahora no manifestaba ni una reacción por tener que trabajar con él.
-Rukawa, ¿cómo nos organizaremos para el trabajo?—preguntó.
-Después de la practica podemos hacer el bosquejo de lo general, en tu casa o en la mía—dijo esperando de nuevo las protestas.
-Ok, en tu casa, estaré en la biblioteca buscado información, cuando termines la practica me pasas a buscar, ¿te parece?.
-¿No irás a la practica?.
-No jugaré más—dijo con voz monocorde—o también te puedo esperar afuera del gimnasio calculando la hora en que saldrás.
-No, yo te paso a buscar a la biblioteca, ¿por qué no jugaras este año?.
-Ya no puedo—contestó—nunca más.
-Sakuragi, lo siento.
-Así es la vida—dijo caminando hacia la salida del salón, afuera le esperaba Yohei y el resto que bulliciosos lo rodearon, almorzó con ellos, contestó sus preguntas, o casi todas y después tal como había quedado, fue a la biblioteca, a las 5 Rukawa pasó a buscarle—encontré bastante material.
-Que bien, vamos a tu casa o a la mía.
-A la tuya—dijo como si nada tomando los libros que ya había pedido y los guardó en su bolso—hace frío—musitó colocándose un suéter y luego la chaqueta—vamos…
-Claro—"frío", estaba aun en verano, pero el pelirrojo estaba delgado y se veía frágil, caminaron en silencio hasta que finalmente llegaron al edificio de departamentos donde tenía el suyo, abrió y le indicó que pasara—ponte cómodo, preparare algo caliente y nos ponemos a trabajar…
-Ok—se dejó caer en el amplio sofá, apoyó la cabeza en el respaldo y cerró los ojos, estaba cansado, cuando sintió los pasos de su compañero abrió los ojos, este traía una bandeja con abundante comida y dos tazones de humeante café—huele rico…
-Sírvete—era como estar frente a otra persona, era el mismo rostro y cuerpo pero todo lo demás había cambiado, no extrañaba el odio que el pelirrojo parecía sentir por el, pero si esa energía y vitalidad que parecía despedir por cada poro—creo que deberemos dedicar varios días a la investigación…
-Sí, pero el tema es interesante, mira—sacó los apuntes y los libros de su bolso—si además lo complementamos con información desde Internet, pues podremos tener una buena calificación, además mientras tu entrenas yo puedo avanzar en la biblioteca.
-Explícame por qué ya no puedes jugar—pidió, el chico le miró directamente a los ojos—por favor…
-No es que ya no pueda—reconoció suspirando—sólo ya no tengo las fuerzas para seguir, cuando entre a jugar lo hice por una chica, sabes—Rucawa denegó—me gustaba la hermana del capitán Akagi, luego el juego me fascinó, quería ser el mejor, necesitaba sentir que podía hacerlo, que servía para algo mas que dar golpes y…--inclinó la cabeza y se mordió los labios—que servía y era bueno en el juego, cuando me lesioné tuve miedo, más del que creía poder soportar y no fue por no jugar mas, fue por perder lo único que mantenía a mi lado a…--volvió a dudar, los ojos de Rukawa le reflejaban sincero interés—no soy muy listo, tampoco ingenioso, lo único que tengo es mi cuerpo y lo que puedo hacer con él, jugar, pelear y follar, inválido no serviría para ninguna de las tres cosas…
-Sakuragi—se sentó a su lado y le rodeó con su brazo—no sólo eres un cuerpo, eres mucho más que eso.
-Eres amable, Rukawa, disculpa por haberte hecho la vida imposible antes—dijo suspirando—te parece si nos ponemos a trabajar.
-Claro—trabajaron por dos horas, el pelirrojo estaba tan concentrado que no se daba cuenta de cuanto le miraba, le seguían rondando en la cabeza las palabras "jugar, pelear y follar", ya no jugaría, por su actitud quedaba claro que tampoco pelearía, es que solo quería servir para follar, quien había convertido al pelirrojo en un objeto, apretó los puños, no sabía por que le afectaba tanto pero, le afectaba.
-Es tarde, me tengo que ir, gracias por la comida, nos vemos mañana—dijo poniéndose de pié y dirigiéndose a la puerta.
-Nos vemos mañana—le siguió con la mirada desde la ventana, hasta que se perdió de vista, no podía negar que era muy agradable que ya no pelearan, pero aun así, extrañaba el fuego y la fuerza que siempre había caracterizado al pelirrojo.
-Buscó en su bolsillo el celular y marcó—hola—entrecerró los ojos al escuchar su voz—entiendo, si, estuvo bien, claro, buenas noches—le dolía, más que toda la terapia recibida, dolía.
-Pero señora Sakuragi, yo pensé que…--la mujer le dedicó una mirada cargada de ironía.
-No pienses tanto muchacho, Hanamichi hace más de un año que ya no vive aquí, vaya amigo que eres que ni sabe algo tan simple—le cerró la puerta de un golpe.
-Hanamichi—musitó preocupado caminando a su casa, mas de un año, donde estaba viviendo entonces.
Despertó temprano, con pereza se dejó caer de la cama y se
metió a la regadera, el agua caliente le hacía una cálida caricia en la
espalda, justo lo que necesitaba para comenzar el día, luego ya seco se
vistió, el uniforme le quedaba holgado así que era mucho más fácil usarlo
con un suéter, calentó leche en la hornilla y sacó un panecillo dulce,
conectó la radio y mientras escuchaba las noticias desayunó, no tenía mucho
en esa habitación de pensión, pero era acogedora, con buena calefacción,
limpia y tranquila, además que la señora que la administraba era muy amable,
al terminar lavó el tazón y tomando su bolso partió a la escuela, en las
mañanas le agradaba caminar, por eso salía con mucha anticipación pues le
quedaba mucho mas lejos que antes.
-Hey, Sakuragi, que bien verte recuperado—le palmeó la espalda con alegría.
-Hola, Sendoh, gracias—saludó al joven que le sonreía agradable--¿cómo has estado?
-Super bien, en unas semanas empiezo la universidad, vivo a unas cuadras de aquí, no sabía que tu estabas viviendo en este barrio—algo en el pelirrojo había cambiado, su voz era mas suave, su mirada mas sumisa y algo más que no podía definir—deben estar felices en el equipo con tu regreso.
-No, ya no juego—dijo a lo simple--¿qué estudiaras?
-Ingeniería, oye pero por qué no jugaras más, es que no te recuperaste de la lesión—el pelirrojo se mantenía silencioso, así que le tomó por el brazo y le llevó a un pequeño café—dime que te pasa, estas muy distinto—al acercarse la mesera—dos café con leche y dos porciones de galletas, por favor—al estar a solas insistió—Hanamichi, respóndeme por favor…
-Por que te interesa, no somos amigos, ni nada—los ojos violetas le miraban tan intensos que le hizo estremecer—yo…
-Hanamichi, no me importa que los demás digan que no eres un tensai, sí lo eres, nadie más podría aprender a jugar al nivel que lo hiciste tú en tan poco tiempo, cuando estas en la cancha realmente el juego se transforma, es que no te das cuenta que sin ti no es lo mismo, porque yo sí—le tomo la mano entre las suyas, con naturalidad pero para su propia sorpresa este gesto le hizo estremecer, Hana le miró a los ojos y también se sonrojó—dime a que le temes…
-A volver a lesionarme, a perder lo poco que tengo—gimió mordiéndose los labios para contener las lágrimas—yo…
-Hana, no volverás a lesionarte, porque ahora conoces mejor los límites de tu cuerpo, por que si me dejas te ayudaré a entrenar—los ojos marrones se abrieron y le miraron sorprendidos—Hana, seamos amigos y acepta mi ayuda…
-Por qué, no entiendo—les colocaron lo que había pedido Sendo y aun temblando bebió un poco del tazón--…
-Por que siempre me has agradado, me gusta verte jugar y porque puedo ayudarte—le dijo sonriéndole lo mas sinceramente que podía—además quiero…
-Gracias Akira—se sintió tan bien—ayúdame…
-Ok, así me gusta—le sonrió y el pelirrojo sonrió—ahora desayuna te llevare en mi carro a la prepa o no llegarás a tiempo.
Terminaron y en minutos bajaba del carro de Akira frente a la
escuela, atrayendo las miradas curiosas de los que estaban cerca.
-Hasta mañana, Hanamichi.
-Hasta mañana Akira—alzó la mano como despedida y entro a la escuela dirigiéndose a su salón pues ya se escuchaba la campana de ingreso.
-¿Qué quería Sendo?—preguntó cuando el pelirrojo se sentó.
-Solo conversamos, me lo encontré cerca de donde vivo, es muy amable—comentó con tranquilidad sin percatarse del cambio experimentado en la mirada del chico pálido—como se me hizo tarde me trajo en su carro.
-Ya—quería saber más pero la entrada del profesor le impidió seguir preguntando, no se cuestionaba el por que le preocupaba tanto y el estar tan abierto a hablar con el pelirrojo.
Hanamichi trataba de concentrarse en los estudios así que no
llegó a preguntarse por que ahora Rukawa era tan amable y hablaba tanto con
él, simplemente lo aceptaba tal cual.
-Hanamichi, ven—le arrastró escaleras arriba a la terraza de los terceros—ayer fui a la casa de tu madre y me dijo que hace más de un año que no vives ahí, ¿dónde estas viviendo, Hana?
-En una pensión, ellos no me querían allá, además estoy mucho mejor en la pensión, te lo aseguro—dijo sonriendo a su amigo.
-Pero por que no me lo dijiste—el chico bajó la mirada y solo se encogió de hombros.
-Hana, que mas me estas ocultando—trató de mirarle a los ojos pero este rehuyó su mirada—Hana, dime, sabes que sea lo que sea soy tu amigo, me preocupas, no te juzgo, solo me preocupas…
-Conversemos después de las clases Yohei, ahora ya tenemos que volver a clases—dijo mirándole—en serio.
-Te estaré esperando, entonces—dijo aceptando. Bajaron justo cuando la campana anunciaba el re ingreso.
-¿Quién es ese chico?—mierda, por que no podía contenerse de preguntar.
-Yohei, mi mejor amigo—contestó con simpleza.
-Vamos—le tomó de un brazo y le llevo a sentarse en un banco alejado de donde circulaban el resto de los alumnos—cuéntame todo.
Le vió hablando con ese chico y una molesta sensación de le
puso en el estómago, tuvo ganas de ir y arrastrar al rojo al gimnasio donde
tenerlo a la vista, pero se contuvo.
-Dime, Hana—llevaban 5 minutos en silencio.
-Tu sabes que cuando murió mi padre no me quedó otra que ir a vivir con ella, su pareja no me soporta, ella tampoco, a los dos meses de estar con ellos llegue y había mudado lo poco que tenia a un cuartucho contiguo a la cochera, ella dijo que si quería comida y techo tenía que pagarlo, que saliera a la calle y me ganara la vida—dijo esto con la vista baja—nadie me dio trabajo, una noche después de las practicas me quedé dormido en el colectivo y me pase, no tenia dinero para tomar otro y me quise regresar caminando y, pues, un carro paró y…
-Hana estas diciendo que—miró sorprendido a su amigo, este muy pálido asintió—Hana, tu, tu…
-Sí, la primera vez fue difícil, pero después simplemente pasaba, tenía lo suficiente para comida y pagarle la renta a ella, luego conocí a Adrian…
-¿Adrian?
-El me recogió una noche—musitó—luego a parte de darme un billete de cien me compró un suéter y un polar, al ver que tenia frío, me dijo que le llamara, así que a la tarde siguiente nuevamente me fui con él, a la mañana siguiente me propuso que ya no anduviera en la calle, que me daba trecientos y ropa además de un celular, yo solo tenía que estar disponible cuando llamara.
-Maldición, Hana—estaba tan afectado por lo que escuchaba que no podía evitar sentir que lo ojos se le llenaban de lagrimas—tu…?
-Yo acepte, por el dinero y por que me gusto él, nunca antes alguien se había preocupado de que no sintiera frío o hambre—suspiró—nunca ha exigido exclusividad, pero desde ese día yo solo he estado con él, cuando me lesione él pago todo en la clínica y en la terapia, se ha preocupado por mi.
-Estas con el por el dinero y por agradecimiento—sentencio, pero Hanamichi denegó—entonces…
-Le amo—confesó—le amo y él a mi no…
-Hanamichi, se lo has dicho—le vió asentir—pero él no ha dicho nada.
-No, yo vivo en una pensión gracias al dinero que me da, tengo para comer y últimamente a lo mas me llama una o dos veces a la semana—gimió dejando escapar algunas lágrimas--le extraño tanto…
-Hanamichi—le abrazó, sintiendo como su amigo se estremecía y sollozaba le apretó contra si, nunca había esperado una confesión así, por dos años su amigo estaba viviendo de esa forma y no se habían percatado, había logrado engañarles a todos—no vuelvas a ocultarme nada, por favor, soy tu amigo en las buenas y en las malas, no te juzgaré, solo quiero estar ahí cuando me necesites y apoyarte.
-Gracias, Yohei—susurró limpiándose los ojos y reponiéndose—hoy me encontré con Sendo y me convenció a entrenar con él, fue muy amable, además Rucawa también ha sido amable, como ves tengo suerte…
-Ya no peleas con Rukawa, ¿cómo es eso?
-Así es, no hay razón para que pelee con él, además nos tocó hacer un trabajo en ciencias juntos—dijo con simpleza—ha sido amable y también se preocupó por que le dije que no jugaría…
-Oye quieres decir que ustedes dos han conversado—esto le asombro, el chico de hielo diciendo mas de dos palabras y preocupándose por algo mas que por mejorar su juego—no estarás confundiéndote de persona…
-No, oye, ¿qué hora es?
-Las 5, 10 ¿qué pasa?—preguntó al verle pararse de un salto.
-Ya terminó la practica y Rukawa me iba a pasar a buscar a la biblioteca—al decir esto pareció como invocatorio, por que ambos tenían al chico pálido parado frente a ellos—Rukawa…
-Fui por ti a la biblioteca—dijo mirando fríamente al chico de ojos oscuros al lado de Hanamichi—vamos…
-Si, vamos—le sonrió a Yohei—nos vemos mañana, gracias por tu apoyo, te prometo confiar en nuestra amistad.
-Hasta mañana, Hana—respondió sonriéndole y ganándose una mirada asesina de esos fríos ojos azules. Les vió marcharse, este día era sin lugar a dudas el mas extraño de su vida y el mas doloroso ante la confesión de Hanamichi.
-Perdona, necesitaba conversar con Yohei y se nos pasó el tiempo—sentía la necesidad de explicarle—él ha sido mi mejor amigo y yo le había ocultado muchas cosas…¿entiendes?
-No—contestó sincero.
-¿no?
-Yo no tengo amigos, así que no puedo comprenderte en eso—contestó fríamente.
-Nunca has tenido amigos, ni siquiera uno—no podía creerlo—pero ¿por qué?
-…--solo hizo un gesto con los hombros.
-Oye, Rukawa pero tu quieres tener amigos—preguntó buscándole la mirada—dime…
-Depende—contestó.
-¿Depende?—ya estaba entrando al departamento.
-De quien sea ese posible amigo—dijo mirándole directo a los ojos, rayos el rostro de Hanamichi tuvo por unos segundos esa sonrisa de antes, diáfana e inocente.
-Pues yo, me dejas ser tu amigo—mantuvo los ojos fijos en el rostro del chico pálido.
-Ok, si, seamos amigos—dijo y los brazos de Hanamichi le rodearon en un caluroso abrazo. Una multitud de sensaciones le inundaron y todas fueron gratas, en eso esos brazos le soltaron y no le gustó la sensación—Hanamichi…
-¿Sí?
-Iré a preparar algo de comer, tu ponte cómodo—trabajaron intensamente y como en día anterior Hanamichi a las 7, 30 dijo que se marchaba.
-Hasta mañana Kaede—se despidió con una sonrisa que para su sorpresa fue respondida, vaya el zorro sabía sonreír.
Le observó marcharse desde la ventana, tenia la mente
confusa, le gustaba estar cerca del rojo, pero por qué, suspiró y se dejó
caer en el sofá, en realidad ese chico nunca le había sido indiferente, desde
el primer día en el gimnasio había sentido su presencia, le enervaba, no le
gustaba el silencio que había cuando no estaba y le exasperaba el bullicio
cuando estaba, en fin nunca le había sido indiferente y ahora, ahora deseaba
saber todo de él, deseaba ser su amigo y le había encantado sentirle
abrazándolo--¡maldición!, lo único que me falta es que me guste ese
pelirrojo.
Caminaba hacia la parada del colectivo como todos las tardes,
había estado en casa de Yohei, charlando como si nada, todo había vuelto a su
natural curso desde esa conversación hacia dos meses. En las mañanas
practicaba con Akira, este le hacia sentir increíblemente bien, era muy
paciente y cálido, le daba consejos y siempre estaba atento a escucharle; por
las tardes después de las clases hacía los deberes en la biblioteca y luego
acompañaba a Kaede a su casa o iba con Yohei a comer una hamburguesa, sí, era
bueno tener tres amigos así de atentos.
Cuando el celular vibró, lo buscó y activó—Hola, si, claro voy para allá…--hizo parar un taxi, sus ojos brillaban a la vez que una sonrisa se instaló en su rostro. Al abrirse la puerta un estremecimiento de placer le recorrió el cuerpo y le abrazó ofreciéndole sus labios—Adrian…--los fuertes brazos le rodearon alzándole, su boca invadida por la otra, placer y más placer.
Suspiró acurrucándose aun más al cuerpo amado, el brazo de
Adrian le rodeaba la cintura, era pasada media noche, le gustaba estar así,
disfrutando de su calor y del aroma de su cuerpo.
-Mishi ¿estás despierto?.
-Si—susurró buscándole la mirada, cuando la halló un leve estremecimiento le recorrió, esos ojos azules no le miraban con la calidez de siempre.
-He estado pensando, llevamos en esto ya dos años, este año sales de la prepa e iras a estudiar a la universidad, creo que es momento de definiciones—los hermosos ojos marrones del joven le miraban tan inocentes y confiados, bien, al mal paso darle premura—así que hice que mi abogado preparara los documentos, tendrás un pequeño departamento, se ha hecho un depósito a tu nombre en un banco y otras cosas más que te permitirán vivir adecuadamente cuando vayas a la universidad…
-Pero no es necesario, yo me las arreglo bien con lo que hasta ahora…
-Escúchame, mis negocios y metas han ido cambiando en estos meses, no quiero que te sientas desprotegido, por eso he hecho arreglos, en una semana viajo al extranjero donde me instalaré permanentemente, tengo 28 años y es momento que forme una familia—esos ojos se ensombrecieron mientras lentamente el cuerpo del joven se separaba del suyo como si hubiese recibido un impacto—tu harás tu vida con los recursos necesarios, has sido el mejor amante que he tenido, no lo dudes, te quiero mucho y extrañaré estos encuentros, siendo tan bueno seguro que pronto tendrás compañía adecuada—le acarició el rostro pálido ahora—sé que no esperabas esto tan pronto, pero seguro que se te había pasado por la cabeza…
-Yo, yo entiendo—dolía como nunca penso que podía doler, pero se tragó las lágrimas y las ganas de gritar—te vas pronto entonces…
-Sí en una semana como te dije, esta es la ultima noche que te puedo dedicar, entenderás que tengo mil asuntos más que finiquitar—le atrajo hacia sí y comenzó a besar—así que le sacaremos provecho al tiempo.
Eran las 8,30 y estaba claro que el pelirrojo ya no llegaría a clases, miró el puesto desocupado a su lado y sitió ese vacío, qué podía haberle pasado. Al salir al descanso buscó a Yohei, lo encontró charlando animadamente con esos tres bulliciosos—oye…
-Vaya, ¿qué quieres?
-¿Sabes por que no vino a clases?.
-¿Hanamichi?, no vino a clases…
-Eso te estoy preguntando—insistió perdiendo un poco la paciencia.
-No sabía, en cuanto terminen las clases iré a donde vive—era evidente que Rukawa estaba preocupado, en el semestre Hanamichi no había faltado o llegado atrasado ningún día—nos encontramos al almuerzo.
-Sí, en la salida—dio media vuelta para volver a su salón.
Vió alejarse a Rukawa, estaba preocupado, quien lo diría ese témpano preocupándose por alguien mas que él, tuvo la intención de volver con los chicos, cuando recordó que Hanamichi entrenaba todas las mañanas con Sendo, de hecho le había dado el numero de celular de este por si necesitaba ubicarle temprano, así que fue a la cafetería y llamo—hola, Sendoh, habla Yohei, amigo de Hanamichi, te dijo algo en la mañana …no fue a practicar, tampoco vino a clases—un escalofrío le recorrió la espalda, esto no estaba bien—si, iré donde vive en cuanto terminen las clases, sí tienes razón, ok, me escapo, de acuerdo—colgó y fue por Rucawa, lo encontró sentado solo en el salón—escapémonos hable con Sendo, tampoco fue a entrenar con él en la mañana…
-Vamos—tomó sus libros, ambos chicos saltaron la reja y caminaron una cuadra donde el carro de Sendo les esperaba—tu…
-Suban, Yohei dime hacia donde—le dedicó una sonrisa que trataba de ser tranquila, pero sus ojos reflejaban preocupación—iremos rápido—advirtió—cuando no llegó a entrenar me preocupé, pensaba venir a buscarle a la salida…
-Desde cuando entrenas con él—preguntó Rukawa.
-Desde hace dos meses más o menos—pasó varias calles con luz roja, dando gracias por que no le viera un policía—está muy cambiado el pelirrojo, supongo que lo han notado, no creo que sea solo por lo de la terapia…
-Frágil—comentó en voz alta Rukawa.
-En la esquina, la segunda escalinata—paró el carro y los tres saltaron fuera, Yohei tocó insistentemente en timbre hasta que una mujer de rostro agradable salió a abriles—buenos días, soy amigo de Sakuragi, ¿sabe si esta en su habitación?.
-Si, te recuerdo, creo que lo escuché llegar en la madrugada…los tres muchachos comenzaron a subir las escaleras.
-Acá deja una llave extra—indicó el quicio superior de la puerta, Rucawa de inmediato alzó la mano y se apoderó de la llave abriendo—Hanamichi…--entraron, no se veía nadie en la pequeña habitación pero se escuchaba caer agua en el baño, así que se dirigió a él—Dios, Hana…Sendo trae una manta…Rukawa ayúdame, sosténle—el joven estaba hecho un ovillo en el suelo de la ducha mientras el agua fría caía sobre él, su piel estaba azulada y sus labios temblaban, le desnudó y frotó con las toallas con ayuda de Rukawa, al tenerle seco Sendo le envolvió con la manta y le cargó en brazos hacia la cama metiéndole y arropándole mas aun—prepararé café, traten de despertarle…
-Hanamichi, vamos, míranos, Hanamichi—unos leves gemidos escaparon de los temblorosos labios, miró a Rukawa, estaba más pálido de lo habitual—llamaré un médico…
-Déjame sostenerlo a mí—se sentó en la cama y atrajo hacia sí el tembloroso cuerpo le apretó y comenzó a acariciarle los cabellos y el rostro, mientras inclinado le susurraba al oído—vamos Hanamichi, despierta, despierta, mira que nos preocupas, Hanamichi, por favor, me estas asustando, Hanamichi…--los párpados se movieron lentamente y esos ojos afiebrados y rojos por el llanto le miraron como tratando de reconocerle—Hana, eso no te duermas, quédate conmigo, así, eso…
-Viene en camino, 5 minutos a lo más—dijo acercándose y sentándose también en la cama para tomar las frías manos del rojo y frotarlas con las suyas—al menos ya esta consciente…
-Aquí esta el café, vamos Hana, bebe un sorbo, así, otro mas amigo—entre los tres poco a poco fueron haciendo que bebiera el café, el color iba apareciendo en esas mejillas, y la piel estaba menos fría, pero ahora temblaba mucho más, golpearon a la puerta y Sendo abrió.
-Doctor, estuvo bajo en agua fría, no sabemos cuantas horas—el doctor examinó detenidamente al rojo, le inyectó varias veces y luego hizo una extensa receta con instrucciones detalladas.
-Hipotermia, hicieron bien en frotarle y calentarle, pero eso no evitará que le dé pulmonía, le inyecte antibióticos además deberá tomar todo esto según las instrucciones, debo verle en dos días, pero si ven que es necesario me llaman de nuevo—dijo todo esto a Sendo, al cual conocía desde pequeño—van unos tranquilizantes, por lo que me dices, esto fue una crisis nerviosa, deberás mantenerle vigilado, ¿entiendes lo que puede pasar?.
-Sí, no le dejaremos solo, gracias—despidió al doctor y miró preocupado a los otros dos muchachos—iré a surtir la receta…
-Ok, gracias Sendo—dijo Yohei, luego miró a Rukawa—no deberemos dejarle solo…yo faltaré a clases…
-Yo también, por que crees que …tú lo sabes, cierto—miró preocupado a Yohei.
-Creo que si, cuando vuelva Sendo les cuento a ambos, al fin y al cabo son amigos de Hanamichi—el pelirrojo dormía entre el cuerpo de ambos que le daban calor—nunca pense que ustedes dos llegaran a ser amigos.
-Yo tampoco—contestó—llegó muy cambiado…
-Pero además tú estas más comunicativo—afirmó mirándole a los ojos—al menos con él, te lo agradezco.
-Es mi amigo—dijo como si eso lo explicara todo, aunque sus ojos le revelaron involuntariamente mucho más a Yohei, permanecieron en silencio, hasta que la puerta se abrió entrando Sendo algo agitado al subir las escaleras corriendo.
-Tengo todo, el farmacéutico anotó las instrucciones en cada caja, ¿cómo está?—se acercó y volvió a tomar las manos de Hanamichi entre las suyas sin disimular para nada cuanto le importaba.
-Dormido, al menos ya no tiembla—dijo Yohei dedicándole una tranquilizadora sonrisa—siéntate, les voy a contar algo delicado, pero que les ayudará a entender por que está así, o al menos por que creo que está así.
-Entiendo—dijo Sendo, la voz por momentos cortada por la emoción relato todo lo que en su momento le había contado Hanamichi, los rostros de los dos muchachos variaban de la palidez mas absoluta al sonrojo intenso—este tipo con el que ha estado es mayor que él, de dinero y aunque Hana le ama y se lo dijo, éste no le corresponde, yo creo que lo que pasó puede ser: discutieron, aunque no creo que reaccionara así Hana, o lo más seguro que el tipo termino la relación.
-Dios—murmuró Sendo sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas—nunca pense que supiera ocultar así sus sentimientos, siempre estaba sonriente…como pudo soportar todo eso…
-No se, no me dijo nada hasta hace poco, un día fui a la casa de su madre y esta me dijo que ya no vivía allí, lo obligué a decirme qué pasaba—dijo Yohei—cuando regresó de la terapia estaba tan cambiado, creo que ya no pudo sostener la máscara de alegría permanente.
-Cuando le pregunté por que ya no quería jugar dijo que lo único que tenía era su cuerpo y este le servía para las únicas tres cosas que hacía bien, jugar, pelear y follar—recordó Rukawa—que no quería perder lo poco que tenía…ya no peleaba y en cuanto a jugar…
-Tenía miedo de lesionarse de nuevo, por eso no quería volver a jugar, supongo que sentía que la única razón por que ese hombre estaba con él era por su cuerpo y temía perderle si se volvía a lesionar—concluyó Sendo—pienso que tienes razón Yohei, ese hombre le debe haber dejado y siendo tan importante para él, pues intentó…
-No podemos dejarle solo, ni por un minuto—sentenció Rukawa con firmeza—le llevaremos a mi casa en cuanto pueda salir sin riesgos, estará más cómodo…
-Mi casa está más cerca—dijo Sendo ganándose una mirada asesina de Rukawa.
-Tu tienes que ir a la universidad, Sendo, no puedes empezar faltando, no es como la prepa, Rukawa y yo nos podemos alternar, la casa de él esta más cerca de la mía, y de la prepa, tu después de clases pasas y te quedas unas horas con él para que Rukawa vaya a entrenar o yo cumpla con los deberes—dijo con lógica Yohei--Hana no soportaría que perdieras el semestre de la universidad, o que dejaras el entrenamiento—miró alternativamente a los muchachos.
-Pero—dijeron ambos a la vez…
-Sé que le quieren mucho, Hana es mi mejor amigo, sé que no es muy perspicaz, él les considera amigos, aunque yo sé que ustedes sienten algo más que cariño de amigo por él—el sonrojo que inundo las mejillas de ambos le ratificó sus sospechas—entiendo también que la presencia del otro puede molestarles pero Hana ahora nos necesita a los tres por igual, ya tendrán tiempo para conquistarle, ahora hay que cuidarle…
-Tienes razón—cedió Rukawa.
-Si—dijo Sendo.
-Bien, prepararé algo de comer.
-Rukawa y Sendo se miraron seriamente, se sabían rivales,
así lo acababan de declarar abiertamente, permanecieron en silencio cada uno
sumergido en sus pensamientos.
Todo lo dicho por Yohei aun le daba vueltas en la cabeza como una pesadilla, no entendía como el pelirrojo podía haber fingido tan bien. Podía recordarlo riendo como si el mundo fuera color de rosa y él el dueño del mismo, despreocupado, mirando con inocencia cuando alguien en una conversación aludía al sexo, cómo era posible que fingiera tan fácilmente y estaba esa chica, por la cual siempre le había agredido, qué era esa chica entonces, una escusa, miró el rostro sonrojado del ahora dormido Hanamichi, no podía dejar de sentirse conmovido con esa fragilidad que mostraba, deseaba protegerle, tanto como había deseado domarle cuando era solo fuerza y pedantería.
Miró el rostro congestionado de Hanamichi, entendía que
pudiese tener amantes, era tan hermoso, el saber que se viera obligado a ir a la
calle para vivir le dolía, que alguien tan lleno de vida e inocente tuviera que
enfrentarse a los deseos de cualquiera, someterse por unos billetes y luego
seguir tratando de ser solo un chico mas de prepa, ahora un maldito se atrevía
a romperle el corazón, ese corazón que tanto quería ocupar él. Acercó sus
dedos a los cabellos desordenados y los acarició con dulzura, su mirada se
encontró nuevamente con la de Rukawa, había dolor al observar al rojo y celos
a percatarse de que le acariciaba los cabellos. Iba a decirle algo cuando los
ojos de Hanamichi se abrieron.
-Hola, Hanamichi, nos diste un gran susto—le sonrió acogedor a la vez que volvía a acariciarle los cabellos.
-Akira, ¿cómo?—sintió que si mano era apretada y al mirar ahí estaba también Rukawa con sus ojos clavados en él—Kaede…
-No fuiste a clases y nos preocupamos—explicó con sencillez.
-Yohei me llamó preguntado si habías entrenado y nos dimos cuenta que algo malo pasaba—completó Akira—así que los pasé a buscar a la prepa y irrumpimos en tu cuarto.
-Yo, yo solo—gimió y los ojos se le llenaron de lágrimas—sentía que me iba a estallar el pecho y el agua fría me adormeció, no quise preocuparles…
-Pues nos preocupaste, debes saber que te queremos mucho—dijo Akira y miró a Rukawa que asintió—Yohei nos contó todo, cuenta conmigo, entiendes…
-Les contó que—vacilo estremeciéndose, entonces Rucawa le sonrió, nunca antes le había visto sonreír tan abiertamente—Kaede…
-Si, nos contó y nunca más me hagas pasar un susto así—dijo mirándole a los ojos--¿entiendes?.
-Debes prometerlo, Hanamichi—insistió Akira—que recurrirás a nosotros…
-Yo—vaciló, en eso también estaba ya Yohei, al verle extendió las manos y cuando haciéndole espacio, este ya estaba a su lado se le abrazo llorando—perdón, perdón, no era capaz de pensar, él dijo que se irá al extranjero, que no me preocupe por el dinero, que ordenó a uno de sus abogados que arreglara todo, que era la última noche porque tenía obviamente muchos asuntos más de finiquitar antes de partir, muchos asuntos más, al final solo soy un asunto más, sexualmente placentero, pero que se arregla con un poco de dinero, lo odio, lo odio, lo odio…
-Llora, todo lo que necesites ahora y luego no vuelvas a derramar una lágrimas más por alguien que no te merece—dijo apretándole contra sí, Yohei, podía ver en los rostros de esos dos el deseo de ser ellos los que consolaran al pelirrojo—Akira ve en el closet un pijama para Hana, Kaede creo que la comida ya está lista…--cuando los dos se alejaron un poco, acercó sus labios al oído de Hana y le susurró—ambos te adoran, amigo mío, casi les matas del susto, déjate querer y pronto sanaran tus heridas…
-¿Ellos me?—miró confuso a su amigo y este asintió y depositó un beso en su frente, Akira traía un pijama.
-Ayúdame a ponérselo—Kaede se acercó, Akira con manos algo temblorosas ayudó a vestir al pelirrojo, luego volvieron a taparlo bien con las mantas y Kaede sirvió cuatro platos y él fue el encargado de ir dándole bocado tras bocado a Hana. Yohei sonreía para sus adentros, esos dos se las iban a ingeniar para que su amigo olvidara pronto, probablemente lo malcriaran totalmente con tantos mimos.
Anochecía y tenían que decidir cual se quedaría a hacer
compañía a Hanamichi, Yohei nuevamente tuvo que mediar entre esos dos
pretendientes.
-Yo no tengo clases mañana hasta las 4 de la tarde—dijo Akira.
-Pero—fue a intervenir Kaede.
-Creo que es mejor que se quede Akira, Kaede, tu y yo tenemos clases ya nos escapamos y además faltaste al entrenamiento, mañana debemos ir y tú debes hablar con Anzai, yo me vendré después de almuerzo y reemplazo a Akira, y tu pasas por tu casa después del entrenamiento y traes lo necesario para quedarte en la noche—planificó a la vez que disimuladamente le hacía un guiño a Hanamichi que sonrojado veía que lo que le dijera su amigo era verdad.
-Pero no es necesario—empezó a decir Hana pero ninguno le presto la menor atención.
-Ok, yo me quedó esta noche—dijo Akira envolviendo con una mirada achocolatada de dulce al pelirrojo.
-Pero yo me quedo mañana en la noche—intervino Kaede dedicándole una de sus exclusivas sonrisas marca "solo para Hana".
-Decidido entonces, Kaede vámonos—concluyó Yohei, se inclinó y le revolvió los cabellos a su amigo como gesto de despedida—pórtate bien hasta mañana.
-Hasta mañana, Yohei, Kaede—este le volvió a sonreír y juntos se marcharon—Akira gracias por todo…
-No me des las gracias, sabes que me importas mucho—dijo dedicándole una de sus sonrisa-mirada marca registrada " te adoro".
-Eres un magnifico amigo, Akira—dijo algo atragantado por que esos ojos no le miraban como amigo, Yohei tenía razón al parecer.
-Me acomodaré en el sillón—dijo a la vez que se dirigía a apagar la luz.
-Akira, no es cómodo, ven a la cama hay espacio para los dos—dijo enfrentado la mirada entre cohibida y expectante de esos ojos violeta—ven…
-Ok—se sacó la ropa quedando en boxer y una camiseta y se metió entre las ropas, era excitante tenerle tan cerca, aspirar su aroma a jabón, en eso sintió como se le pegaba y apoyaba la cabeza en su hombro—Hana…
-Gracias por todo, yo sólo necesito estar así, prometo no molestarte—dijo con voz suave y suplicante, el brazo de Akira le estrechó contra sí acogedor.
-Nada que hagas puede molestarme, Hana, duerme tranquilo—le mantuvo así, acurrucado en sus brazos, era algo que apenas había soñado como un imposible, ahora el solo tenerle así era el mayor placer, que le permitiera protegerle.
Amanecía, siempre despertaba al amanecer, aspiró el aroma a
loción de Akira, suave y cálido como él, ambos brazos le rodeaban
protectores, hundió el rostro en el cuello y aspiro, si era verdad lo que
había dicho Yohei, entonces ese abrazo significaba tanto, cerró los ojos y se
volvió a dormir.
Despertó con la deliciosa sensación del pelirrojo entre sus brazos, le mantuvo así, acarició los cabellos desordenados, le sentía respirar pegadito a su cuello y el calor del cuerpo adherido al suyo, suspiró, disfrutando de esa cercanía.
-Gracias por ser así—susurró y le besó sutilmente la
mejilla—buenos días.
-Buenos días, es hora de tus medicamentos, preparare el desayuno—muy a pesar suyo se desprendió de ese hermoso rojo, y puso a calentar agua, preparó leche, unos emparedados y jugo, sacó las tabletas que debía tomar y se acercó con todo a la cama en una bandeja—debes comer bien antes de tomar los medicamentos.
-Um, esta rico—dijo bebiendo unos sorbos de la leche y mordiendo el emparedado, Akira le miraba sonriente—come tu también, me duele la cabeza y los oídos, supongo que me enferme con el agua fría, no parecía tan mala idea en su momento.
-Um, quizás si solo hubieses estado unos minutos bajo ella—dijo sonriéndole aun más—cuando ya no tengas fiebre te llevaré al departamento de Kaede, en él estarás mas cómodo mientras te recuperas…
-Pero no quiero molestar, aquí estoy bien y no haré ninguna locura—dijo sonrojándose, Akira le tomo el rostro con ambas manos y le hizo mirarle.
-Ninguno de los tres te va a dejar solo, si quieres hacer locuras tendrás que hacerlas con nosotros—le hizo un guiño—aunque creo que las locuras que nosotros haríamos contigo serían más placenteras…
-Akira—jadeó sorprendido y en cierto modo expectante.
P-or si no te has dado cuenta, me gustas mucho, eres mi amigo pero sería magnífico que fueras mas que eso, sé que ahora no estas para pensar esto, pero estaré a tu lado para hacer que tu corazón se recupere—al decir esto rozó sus labios con los de Hana, humedeciéndolos sutilmente, luego suspiró al separarse—sé que olvidar no es fácil y además esta Kaede, él también está interesado en ti…
-¿Tu crees eso?
-Es obvio, se muere por ti tanto como yo—concluyó ante el sonrojo intenso del muchacho—al menos tenemos la esperanza de que si te agradan los chicos…
-Si, me agradan—dijo en voz baja, ya habían terminado el desayuno, Akira fue a llevar la bandeja al lavado pero le retuvo de un brazo—recuéstate un rato más aquí conmigo, me hace bien sentirte y poder acurrucarme en tus brazos.
-Lo que tu digas hermoso—dijo dejando a un lado la bandeja y metiéndose entre las ropas que abrió los brazos y el joven se acurrucó en ellos y apoyó la cabeza en su torso.
-Deja de ver la hora, aun tienes que ir a entrenar—dijo sonriéndole a Kaede a la hora del almuerzo—llamé y está bien, con un poco de fiebre pero es normal, Akira dice que quizás mañana ya pueda irse a tu casa, ahí le tendrás a tu disposición—dijo en un tono malicioso…
-Tu…tú eres muy directo—dijo mirando a Yohei, este le sonrió encantador, vaya, así que ese tipo de sonrisa era algo que compartían esos dos amigos, pero mientras la sonrisa de Hana era mezcla inocencia y naturalidad, la de Yohei estaba cargada de picardía y madurez, parpadeó asombrado, este chico era muy guapo, no podía negarlo.
-Deja de mirarme así, o creeré que el que te interesa soy yo—le dijo en un susurro y se puso de pie—vete al entrenamiento yo me voy a reemplazar a Akira, no olvides hablar con Anzai…
-Ok, ok—respondió completamente afectado, demonios, le
gustaba el pelirrojo, pero este chico sabía como afectarle, <maldición
tengo las hormonas descontroladas, si me vuelve a mirar así con esos
maravillosos ojos negros, Dios, maravillosos, me le arrojo a los brazos y que
Akira que sede con el hermoso rojo> sacudió la cabeza, definitivamente las
hormonas le estaban haciendo delirar.
Yohei se encaminó a la residencial, le agradaba mucho Akira para su amigo, sentía que era lo suficientemente abierto y sensible como para aceptar a su amigo con sus virtudes y defectos, para valorar sin juzgar, mientras Kaede, sabía que estaba sinceramente interesado por Hana pero algo muy dentro de él le decía que no era el adecuado, ahora hace unos momentos sabía perfectamente que había logrado afectarle, que de haberlo querido ese frió chico de ojos azules habría temblado de excitación por el, quizás los mismos atributos que admiraba en su amigo los veía en él y sin la impetuosidad y candidez de este, claro ahora podría agradarle pero sabía que a largo plazo se aburriría de Hana, con Akira eso nunca pasaría, este adoraba a Hana hasta en sus defectos.
Sonrió, quizás conquistar el amurallado corazón del zorro no era una mala idea, al fin y al cabo, si no podía tener a su adorado rojo, siempre Hana había sido para él absolutamente atrayente, aunque había priorizado la amistad por sobre sus hormonas, podía darle espacio a Akira para sanar el corazón herido y la autoestima derrumbada del su rojo, mientras él se apoderaba de cada suspiro del corazón de kaede y claro, de paso le daba satisfacción a sus locas hormonas.
Entró a la habitación y sonrió, su amigo estaba dulcemente
dormido en los brazos de Akira que le recibió con una sonrisa en los labios—veo
que estás muy bien, le has cuidado con esmero.
-Si, ya no tiene fiebre, almorzó bien—dijo sonrojándose por que captó el sentido de las palabras de Yohei—yo de verdad le quiero, Yohei, no es un juego para mí.
-Te creo, pero sabes que si quieres sanarle del corazón deberás dedicarle el cien por ciento de ti, no creo que Hana fuera capaz de asimilar que tu le coquetees a alguien, o que tengas una leve caída en la cama de otra persona…
-Lo sé, te juro que desde que me di cuenta que él me importaba mucho más que como amigo ya no me atrae el coquetear o flirtear, simplemente nadie tiene lo que veo en él—dijo con sinceridad—me gusta cuando ríe y cuando llora, su cara de sorpresa y de no entender lo que pasa, me gusta que grite diciendo que es un tensai y que se ponga rojo por vergüenza ante un error, me gusta cuando juega, su piel, su aroma…
-Te entiendo, simplemente estas enamorado, Akira—dijo sonriéndole—cuentas con mi apoyo, creo de verdad que Kaede esta sintiendo una fuerte atracción por Hana, y que si le diéramos tiempo podría convertirse en algo más, pero también creo que aun no es tan fuerte y que puedo desviarla—al decir esto ultimo hizo un guiño cómplice.
-Tu, tú estas diciendo que harás que se interese en ti—dijo sorprendido.
-Si mientras tu le das todo el amor que eres capaz de dar a Hanamichi, ok.
-Ok.—dijo tendiendo su mano que fue estrechada por Yohei sonriendo en eso Hana despertó y les miró curioso—hola bello durmiente, veo que estas muy cómodo…
-Yohei, como eres—dijo rojo como la grana pero sin amagos de salir de la calidez de los brazos de Akira—llegaste hace mucho…
-No, solo hace unos momentos, creo que es hora que vayas a tus clases, Akira—dijo trayendo a tierra al enamorado chico de ojos violeta—dale, chico universitario…
-Si, Akira, ve, yo estoy bien, no quiero que pierdas clases—dijo dedicándole una dulce sonrisa a lo cual este se inclinó y deposito un beso en los labios del pelirrojo que para su propia sorpresa, le gustó mas que mucho.
-Nos vemos más tarde—dijo saliendo rápido o simplemente se quedaría ahí, la boca de Hana le había respondido el beso, de eso estaba seguro.
-Um, veo que la cosa avanza con Akira, me gusta ese chico para ti—dijo como si nada sentándose a su lado—es dulce, guapo y te adora…
-Tu crees, él me dijo que yo le interesaba mas que como amigo, y que lo mismo le pasaba a Kaede, yo en verdad, pues si, me agrada mucho Akira y, sí, creo que sí, solo que no me gustaría perder la amistad de Kaede.
-Lo se, pero y si yo me "sacrifico" y te evito el problemita de Kaede—dijo mirándole pícaro—me gusta, sabes y creo que puedo hacer que sus hormonitas lo hagan sucumbir a este tu hermoso amigo.
-Ja, ja, ja, eso espero, por que si eres hermoso, Yohei, y ya es hora que tengas novio—dijo sonriéndole—además kaede es lindo y apuesto que tu derrites sus muros de hielo.
-Dalo por hecho—dijo riendo.
Horas después apareció Kaede, cuando Yohei le abrió la
puerta no pudo evitar sonrojarse, lo que hizo sonreírle seductoramente al chico
de ojos negros provocando un nuevo sonrojo.
-Hola—saludo tratando de evitar entrar en contacto con la
mirada el Yohei, definitivamente algo le estaba pasando, miró al pelirrojo, se
veía mucho mejor—como te has sentido, Hana…
-Mejor, como te fue con Anzai—había visto los sonrojos de Kaede, vaya si que estaba siendo afectado por su amigo, esto iba a ser entretenido.
-Cuando le conté que estabas enfermo y que nos íbamos a turnar para cuidarte dijo que no había problema, el mismo dijo que hablaría en la escuela para justificarte—contestó.
-Toma, debes tener hambre—dijo poniendo en las manos de Kaede un emparedado y un tazón con leche, luego fue por la bandeja que había preparado pata Hanamichi, en ella había lo mismo además de los medicamentos que debía tomar a esa hora.
-Gracias, Yohei--susurró a penas audible, esto no podía estarle pasando a él, de ser el rey del hielo ahora esos dos chicos le tenía completamente confundido, pero lo peor era que Yohei no era como Hana, sino que decididamente le estaba incitando, le buscaba la mirada y la verdad, la verdad es que le revolucionaba más que el pelirrojo.
Hanamichi, observaba a su amigo en plan de conquista y
realmente era admirable, nunca había visto tantas expresiones en el rostro de
Rukawa y todas decían a las claras que le gustaba Yohei, eso estaba bien
quería ver juntos a Yohei y Kaede, por que él, aunque sólo habían pasado dos
días de, bueno de eso, eran 48 horas muy importantes para lo que sentía por
Akira, éste le había hecho sentir seguro, aceptado, reconfortado y amado, todo
a la vez y sin presiones, con calidez y paciencia, Akira Sendoh le gustaba,
sentía que si alguien podía meterse en su corazón y curarle, era ese chico de
ojos violeta.
-Rayos—vertió parte de su chocolate en la camiseta por turbarse ante la mirada insistente de esos ojos negros, dejó el tazón y fue hacia el baño, sin percatarse que el chico le sonreía pícaramente a Hana y partía detrás de él—no sé que me pasa—masculló en voz alta y dio un salto al sentir unas manos hábiles que le sacaban la camiseta—que…
-Te quemaste—susurró a la vez que aprovechaba para deslizar su mano por el torso de un agitado y muy turbado Kaede—te gusto un poquito, cierto—esto lo dijo pegando su cuerpo al del chico y susurrándole el oído para luego depositar un beso cargado de sensualidad en el cuello de éste.
-Yo, yo, ha—jadeó al sentir el beso, la firmeza del cuerpo pegado al suyo y las manos tocándole—si, si me gustas…
-Bien, muy bien, por que tu me gustas mucho—dijo esto
apoderándose de los labios temblorosos de Kaede que se dejó arrastrar
rodeándole la cintura con sus brazos y entregándose completamente a ese beso.
Hana terminó y dejó la bandeja a un lado, se acomodó entre las cobijas y sonriendo, por que esos dos llevaban más de 10 minutos en el baño, cerró los ojos y se durmió.
Dos días después Akira trasladaba las pocas pertenencias de
Hanamichi a su carro ayudado por Kaede.
-Aun pienso que debiera irse a mi casa—masculló nada convencido.
-Lo sé, pero tú y Yohei van a necesitar privacidad, además ya rendí el último examen del semestre, de manera que tendré tres semanas libres para cuidar a Hana, y sobre todo, tú ya te conseguiste novio—dijo haciéndole un guiño cómplice—Hana y yo necesitamos conocernos más, debo meterme en su corazón de a poco, me será más fácil si le tengo cerca.
-En su corazón, nada más—comentó malicioso.
-Primero en su corazón, luego lo demás vendrá como postre—contestó sonrojándose—yo le amo.
-Se te nota por como le miras…
-Creo que tu también estas enamorado, nunca pense que alguien lograra hacer que hablaras tanto, supongo que es el "efecto Yohei" en tu vida.
-Si, es el "efecto Yohei"—en eso unos brazos le rodearon.
-Así que soy un efecto—susurró besándole el cuello lo que hizo ronronear de placer al ex chico de hielo—Akira, ya no quedan más cosas, ve por Hanamichi, esa es tu responsabilidad…
-De inmediato—dijo sonriendo de oreja a oreja, corriendo escaleras arriba, al entrar vió al pelirrojo tan adorablemente abrigadito que no pudo evitar cubrirle de besos el rostro—te vez hermoso…
-Akira—musitó turbado y rojo como la grana, pero a la vez apretándose contra él, en un gesto de absoluta confianza—ya vámonos.
-Sí, vamos—con su brazo rodeándole protectoramente la cintura bajaron las escaleras y subieron al carro donde ya les esperaban dos chicos que no paraban de besarse—que bueno que Kaede vive solo, a los padres de Yohei no les haría gracia verles todo el día así.
-Ja, ja, ja, tienes razón—le abrió la puerta y le acomodó en el asiento, luego fue y tomó el volante poniendo en marcha el carro—así como van, pronto las fans de Kaede les sorprenderán y va a haber suicidios masivos…
-Ja, ja, ja—rió livianamente, mirando el rostro alegre de Akira, sí, estaba seguro que se sentiría muy bien viviendo con él.
-Ustedes son unos envidiosos—comentó Yohei.
-Aves de mal agüero—completó kaede, lo que hizo reír aun
más alto a los dos chicos.
OWARI