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"Reencuentro con el pasado"
Basado en Slam Dunk
By Mickaelle

II

Todo un tugurio, vestía tan normal que nadie siquiera volteó a mirarle, sus cabellos estaban escondidos bajo una pañoleta y gorra, se situó en una esquina y reconoció sus objetivos, los vio beber, molestar chicas y chicos y cuando salieron del local los siguió, atacó con la precisión y fiereza que le caracterizaba,  inmovilizados por una droga que les inyectó les ató las cuerdas a los pies y los alzó, una vez ahí conscientes pero paralizados comenzó a divertirse, las navajas actuaron con precisión, podía ver el sufrimiento el los ojos de esos animales, se desangraban y sobre todo sufrían, quien hubiera dicho que le daría tan buen uso a las clases de biología de la escuela.


- Tres menos, ahora deberé hacerle una visita cordial a vuestro jefe—dijo esto dedicándoles una ultima mirada a los ya casi cadáveres y se alejaba canturreando, “yo soy un tensai”…  
 

Observó desde la azotea las grandes ventanas del departamento, se escuchaban los gemidos de sus ocupantes, esta vez atacaría donde más seguro se sentía su presa, justo castigo a quien se había atrevido a destruir el hogar y seguridad de un joven cono Rukawa,  Esperó que estuvieran completamente concentrados en el sexo y entro silenciosamente, les encontró desnudos en una lucha casi acrobática de sexualidad, nuevamente uso su pistola de dardos, ya paralizados de acercó.

 

- Buenas noches, vengo a cobrar una deuda—el terror en las miradas era gratificante—ordenaste que atacaran a la persona equivocada, nunca debiste tocar ni un cabello del Kaede Rukawa, fue una gran equivocación….  
 

Los ojos desorbitados parecían querer decir algo, tratar de justificar, el hombre miraba a su compañera con furia, con  recriminación.  
 

- Lo sé, ella te dijo que  le atacaran tus hombres, pero tu diste la orden, así que el castigo será para ambos, y será aquí en tu propia casa, tu supuesto hogar seguro y protegido, por que te atreviste a invadir el hogar de un muchacho que no le ha hecho daño a nadie—de un solo movimiento de la navaja castró al hombre que empezó a sangrar profusamente, luego miró con desdén a la mujer—fuiste una perra, destruiste la belleza que admirabas en él, eres despreciable—la navaja cortó el  rostro y el torso, heridas profundas y dolorosas, luego de unos minutos en que disfruto el verles sangrantes, con esas miradas que eran verdaderos gritos, decidió irse, sacó un delgado punzón y lo clavo en el lugar preciso para que sufrieran una hemorragia interna fatal, no espero a verles muertos, sabía perfectamente que era cosa de 5 minutos, conecto la alarma del departamento que 10 minutos antes había anulado y salió con toda tranquilidad.  

 

Había pasado todo el día con los muchachos de su antigua pandilla, riendo como si nada hubiera cambiado, recordando esos tiempos en que todo se arreglaba con una buena pelea y cuando le molestaban por ser el chico mas rechazado en todas las secundarias de la región.   Ahora,  caminaba tranquilamente hacia el hotel después de haberse despedido de los muchachos, era agradable parece de nuevo un chico simple y común, olvidarse por unas horas de si mismo.  

Al llegar al hotel, por rutina revisó sus mail, tenía dos propuestas de negocios, desechó una de inmediato, la otra, pues era perfecta, la respondió y luego se fue a la cama.  
 

- Hanamichi Sakuragi, hola—el pelirrojo le miró y sintió un estremecimiento recorrerle de pies a cabeza, donde estaba esa mirada llena de pasión y a la vez inocencia, que siempre le había caracterizado, no, ese joven era un ser distinto, hermoso pero distinto al que conociera dos años antes—¿vas donde Kaede?

- Si, hola, Akira Sendoh, tu cabello se ve muy bien—dijo sonriéndole seductoramente y disfrutando del sonrojo que provocó—siéntate un momento aquí conmigo.

- Kaede me contó que tu vas a costear los gastos del tratamiento, eres magnifico—dijo tratando de sonar normal con el comentario—te quedaras  mucho tiempo en la ciudad.

- No, en realidad, no, Kaede y tu son novios, cierto—al decir esto el joven enrojeció aun mas y se mordió los labios nerviosamente.

- No, no, él te ha esperado, siempre te ha amado, sabes, lo sabes, ¿cierto?

- No, en realidad, no, cuando me fui, pues días antes él me besó, pero no dijo palabra, así que ese beso se convirtió en una incógnita, luego cuando ya termine la terapia, las cosas habían cambiado demasiado  y volver no era lo  adecuado—dijo meditando—Kaede nunca fue muy comunicativo, y yo nunca me caracterice por ser muy perspicaz…

- Pero ahora, lo sabes, Kaede te ama y te necesita—dijo muy a pesar suyo, por que adoraba al chico de ojos azules—volviste por eso, ¿no?

- Volví, porque…si, supe lo que había pasado, vamos a visitarle—dijo poniéndose de pie y echando a caminar, Akira iba a su lado observándole.

- Has cambiado mucho, no solo físicamente—afirmó—no solo estas guapísimo sino…

- El que esta guapísimo eres tu—susurro al oído del joven que nuevamente enrojeció—eres deliciosamente  hermoso…

- Hanamichi…¿por qué me miras así?

- Um, porque me gustaría—se inclinó y unió sus labios a los del joven, que se estremeció y simplemente respondió a la caricia de esos labios, luego reaccionando se separo jadeando—tienes unos labios dulces, no me mires así, con sorpresa, eres atractivo…y me queda más que claro que te afecto.

- Yo amo a Kaede—dijo carizbajo y temblando de pies a cabeza—quiero que sea feliz, le harás feliz, Hanamichi, por favor…

- No puedo Akira—dijo a la vez que llevándole hacia una sala de espera desocupada en esos momentos y luego rodeándole con un brazo le atrajo hacia sí, le hizo alzar el rostro y le besó con intensidad—quisiera poder jurarte algo así, Kaede y tú, son tan hermosos, dulces, me gustaría poder decir que pasaría una vida tratando que fueran felices, pero, no puedo, me marcho mañana—le acarició dulcemente el rostro—hace dos años nadie habría podido impedir que le dedicara mi vida  a ese zorro de ojos azules, sabes, aún hoy el solo verle me hace estremecer, pero, ya no es posible, así que deberás ser tu el que lo haga feliz, el que reconstruya  su vida…

- Hanamichi, ¿por qué?—estaba preso de mil sensaciones encontradas, ansiedad, deseo por ese rojo y a la vez curiosidad, mezclada con una increíble alegría la saber que esperaba que él se quedara con Kaede.

- Ya no soy el muchacho que Kaede amó, no podría hacerle feliz aunque es lo que más quiero, por eso tu te encargarás de eso—rozó sus labios nuevamente a los tibios y temblorosos de Akira—te dejaré un teléfono donde recurrir si me necesitan, prométeme que recurrirán a mi si están el problemas, sean los que sean, ¿entendido?

- Lo prometo, Hanamichi—dijo estremecido por la mirada seria y directa del joven.

- Ok—le sonrió—vamos a ver a ese hermoso zorro…

- Si, si—tenía el sabor dulce  de los labios del pelirrojo en su boca y el corazón aún latiendo a mil por hora—adelántate por favor, si…

- Ok, precioso—entró a la habitación, los hermosos ojos azules le recibieron brillantes—hola hermoso zorro…

- Hanamichi—musitó, sentía su corazón latir a mil por hora, el médico le había dicho que todos los arreglos estaban listos, que el Sr. Sakuragi había cancelado todo, ya era tan absolutamente maravilloso el verle—Hanamichi…


- Kaede, se podría nadar es estos hermosos ojos tuyos—se inclinó y le beso, ya no sutilmente como había hecho el otro día, no, esta vez fue un beso pleno, necesitaba tener al menos ese recuerdo—debiste decirme  lo que sentías esa vez en la playa, zorrito hermoso, sabiendo cuan poco astuto era, cuan inmaduro…

- Si, eso siempre lo supe—dijo kaede—pero yo no me destacaba por hablar mucho…

- Eso es verdad, zorrito, en fin, me encontré afuera con Akira, ahora que no es un puecoespín esta hermoso, realmente de devorarlo—dijo esto sonriendo y acariciándole las cejas con delicadeza—te ama con todo su ser, tanto que está dispuesto a dejarte si así eres feliz, sabes Kaede, te envidio por ser amado así, sé que él te hará feliz, por que te dará todo de sí—se inclinó y le besó los párpados—júrame que pondrás todo de ti por ser feliz…

- Hanamichi yo aún te—los dedos del pelirrojo le impidieron seguir hablando, a la vez que denegaba con la cabeza—pero…  

- Amas a ese torpe sincero y demasiado inocente que era, ya no soy ni remotamente parecido a ese chico, Kaede, me convertí en algo que solo te haría daño—cerró un instante los ojos y luego al abrirlos algo él había desaparecido, sus ojos eran fríos y despiadados—lo que ahora te puedo dar, ya te lo estoy dando, mi dinero para que te recuperes, venganza, los que te dañaron nunca más volverán a hacerle daño a nadie más y, UNA PROMESA—le miró directo a los ojos—mientras yo viva nadie te hará daño…  

- Hanamichi—temblaba, porque esos ojos fríos le revelaban furia, dolor y crueldad, algo que nunca penso que podría ver el su adorado dohao--¿qué te hicieron?, Hanamichi…  

- Kaede—respiró profundamente y sonrió lo más cálidamente que podía—el pasado es pasado, sentimos algo verdadero el uno por el otro y lo dejamos pasar, esa es la realidad, no te ates a lo que pudo haber sido, eso es pasado, el presente, tú presente y tu futuro, esta con la persona que ha estado a tu lado apoyándote, a quien conoces plenamente…  

- Akira—susurró, sintiendo que los ojos de le llenaban de lágrimas, por perder la ilusión del pelirrojo, por saber que había cambiado, por sentir muy dentro de sí que Hanamichi tenía razón—Akira…  

- Sí, Akira—afirmó sonriendo, la puerta se abrió y apareció éste sonriendo—entra de una vez puecoespín, ya era hora que aparecieras…  

- Hanamichi—dijo sonriendo como siempre acercándose y estrechando entre sus manos  la que le extendiera Kaede—Kaede…  

- Bueno les dejo, tengo que arreglar todo, me marcho mañana en la mañana, les alquilé un departamento cerca del instituto donde tomaras la rehabilitación, esto es para los gastos iniciales de la mudanza, hay una cuenta es este banco al nombre de ambos—les pasó un cheque y luego de estrechar la mano de Akira y acariciarle el rostro con suavidad a Kaede—si me necesitan siempre estaré para ustedes, bye, muchachos…  

- Hanamichi gracias y cuídate mucho por favor—rogó Kaede.  

- Hanamichi, ¿tienes que irte?—Hanamichi le hizo un guiño y salió dejándoles solos.

 

Llegó al hotel, y en el lobby le esperaba Yohei, suspiró, ver a su amigo de la infancia era como sentir un soplo de aire fresco, vitalizador.

 

- Yohei—le palmeó la espalda con cariño—que bien que estés aquí…  

- Hanamichí, ¿por qué tienes que irte tan pronto?  

- Negocios, amigo mío, cenemos juntos—Yohei asintió encaminándose hacia el ascensor a lo cual Hanamichi le siguió, en cierto modo sorprendido porque la noche anterior había estado tan nervioso al estar a solas y ahora—llamaré para pedir servicio…

- Espera Hanamichi—le detuvo la mano antes que tomara el teléfono y le rodeó la cintura con su otro brazo y le pegó a su cuerpo—yo necesito, yo quiero y deseo—jadeó estremecido a la vez que unió sus labios con ansiedad a los de su amigo y este respondió, apasionado lo que hizo que todo su cuerpo reaccionara.

- Estas seguro—preguntó cuando ambos temblorosos estaban apunto de caer al lecho solo cubiertos sus cuerpos por sus boxers.  

- Nunca he estado mas seguro de algo, Hanamichi—dijo apoderándose con pasión de la boca y deleitándose con ella..  



- Hanamichi, volverás—susurró aunque sabía que probablemente no le volviera a ver.  

- Yohei, se feliz—le acaricio el rostro, beso sutilmente los labios y se encaminó a la puerta de embarque, encontrarse con el pasado para su sorpresa le había dolido, y ese dolor, quizás le daba esperanza—Yohei…--musitó para si al dejarse caer el en asiento, abrocho el  cinturón y cerró los ojos.

 

Fin

 

{sé que deje mil preguntas por responder sobre el por que Hanamichi termina siendo un asesino, quiero responderlas en otro fics, aunque creo que demoraré en escribirlo, tengan paciencia, por fa…)  
(en consideración a las admiradoras de la pareja  Kaede – Akira, supongo que estarán felices  ^_~)