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"Confusion"
Basado en Slam Dunk
RuHana
By Mickaelle

 

Casi gritó por la fuerte irrupción en su cuerpo, pero no podía gritar, esa boca estaba adueñada de la suya, todo sus ser posesionado por ese otro, ardiendo, entregado, esa era la palabra, entrega, nada más importaba, nada mas existía cuando él estaba dentro de su cuerpo, cuando sus manos le recorrían, cuando sus labios le devoraban cada centímetro de piel o le bebían los labios, cuando esos ojos le exigían entrega total, cada empeñon de esas caderas le hacían estremecer hasta el alma, tan fuerte, grande y ardiente, abriéndose paso en su interior, sin retroceso, solo ese fuego y el peso del cuerpo sobre el suyo.

- No puedo mas…no puedo…

- Puedes, siempre puedes—susurró al oído y le mordió el largo cuello, sin dejar de moverse intensamente, enloqueciendo por la estrechez de su amante, por esa piel estremecida, por como esos ojos canela se inundaban de lágrimas, y esos labios carnosos respondían a sus besos—puedes todo lo que yo quiera que puedas…

- Ahhhhhhhhhhhhh—gritó sintiéndose sobrepasar por brutal clímax, el semen caliente mojaba sus nalgas, su propio estallido les había empapado a ambos el torso y vientre, pero las manos fuertes y hábiles no se detenían, no, aun no, recién llevaban tres coitos salvajes, nada cuando se trataba de su amante, él apenas estaba empezando.

Caminaba como siempre hacia la escuela, bueno, no como siempre, más lento de lo habitual, aun estaba muy adolorido, demasiado en realidad, siempre hasta ese momento había tenido el domingo para recuperarse, pero esta vez no le había dejado irse, no hasta entrada la noche del domingo ya tan fatigado que esas calles le habían parecido eternas.


- Hanamichi, hola, hermoso día, cierto—saludó sonriente emparejando el paso.

- Hola, Haruko, si, un hermoso día—contestó con dulce voz--¿tuviste un buen fin de semana?

- Sí, todos fuimos a casa de los abuelos…


La escuchó, era agradable su voz despreocupada, los ojos brillando y su melena castaña mecida por la suave brisa de la  mañana.  

Cuando entraron a la escuela algunas miradas les siguieron, ya estaban en segundo, él era admirado como jugador, todos sabían que eran solo amigos, hasta él ya se había resignado a eso antes de finalizar el año anterior, ella era linda, dulce y cálida, pero solo le veía como amigo, nunca le miraría como algo más que eso, claro que ahora ya no tenía sentido pensar en eso.


- ¿Que opinas Hanamichi?—preguntó, la mirada de su amigo parecía perdida—Hana…

- Perdona, no escuché…--la miró honestamente.

- Te preguntaba si no te parecía extraña la actitud de Rukawa en los entrenamientos…

- Um. ¿Actitud?—trató de visualizar a qué se refería—no se a qué te refieres…

- Pues no sé, parece distraído muchas veces, ausente…

- Quizás, no sé, no me he fijado—el timbre anunció el inicio de las clases—nos vemos después…

- Claro que tengas un buen día, Hanamichi—se despidió entrando a su salón, mientras Hanamichi volvía en sus pasos, para ir al suyo.

- Sakuragi, nuevamente tarde—dijo el maestro cuando entró al salón.

- Disculpe, profesor—musitó y se dirigió a su asiento.


La primera vez que el pelirrojo se había disculpado por entrar atrasado, todos en la clase se había sorprendido, pero ahora ya estaban habituados, a que fuera  menos bullicioso en clases y a que se disculpara en vez de estallar en protestas.  


-  
Más rápido—exigió Ayako, con mirada critica.

- Ya no podía más, al diablo—se detuvo, jadeante, apoyando las manos en las rodillas, apenas tres vueltas a la cancha y estaba sintiendo que le se partía el cuerpo.

- Muévete Hanamichi Sakuragi—le golpeó con su abanico—rápido…

- No, ya no…--musitó, no prestó atención al nuevo abanicazo, ni al llamado de atención de Ryota, el capitán del equipo este año, fue hasta las gradas y se dejo caer, temblando.  Tonto debió faltar a clases, no estaba en condiciones de ir a la practica.


Lo observó, desde que le había divisado en los pasillos se había dado cuenta, apenas  caminaba, un leve rictus de dolor instalado en ese rostro que sonreía y ahora, vamos, siempre ese pelirrojo había sido el más fuerte de todos, incansable, apenas tres vueltas y se rendía.


- Sakuragi, se puede saber que pasa contigo—preguntó francamente Ayako.

- Estoy agotado, eso pasa—contestó—abandonaré la practica por hoy, Ayako…de verdad no puedo seguir…

- No puedo creer que tú, el super tensai digas eso—dijo colocando las manos en sus caderas y en voz alta, lo que atrajo la atención de los demás jugadores, sabía que no había nada peor para Sakuragi que le dijeran débil.

- ¡Maldita Sea!, ¡Deja de presionarme, ESTOY CANSADO!—gritó para sorpresa de todos, Hanamichi nunca actuaba así con las chicas, Ayako palideció intensamente y luego sus ojos se llenaron de lágrimas—yo..

- Estúpido, como te atreves a gritarle—Miyagi se descontrolo al ver como trataba a su Ayako y se le abalanzó dándole un golpe de puño que tiro al suelo al pelirrojo—vamos, respóndeme…

- Ja, ja, ja, ja—empezó a reír para sorpresa de todos, sin hacer amago de ponerse de pié, tendido en el suelo—no puedo correr y quieres que pelee, ja, ja, ja, ja, ja, ja—la risa era muy distinta a la habitual del pelirrojo, era una risa fría, irónica.


Se acercó e interponiéndose entre el capitán y el pelirrojo, miró a este último, ofreciéndole la mano para que se levantara.  Comúnmente habría recibido como respuesta un “baka kitsune”, pero esta vez, no hubo insultos, solo una mano que asió la suya, un pelirrojo que algo tembloroso por el esfuerzo se levantaba, no le soltó, algo le decía que si lo hacia caería al suelo de nuevo, en vez le rodeó la cintura con el brazo para que se apoyara más en él.


- Te llevaré a los vestidores—el pelirrojo asintió sumiso, nunca antes le había visto así de sumiso.

- ¡Sakuragi!—exigió Miyagi, pero la mano de Ayako en su hombro le distrajo, la miró—ese estúpido…

- Déjale, tiene razón, le presioné—reconoció, si Rukawa con todo lo mal que esos dos se llevaban estaba ayudando al pelirrojo, quizás si era verdad que estaba cansado—será mejor que después hablemos con él, hay que seguir la practica…

- Ok—susurró no muy convencido, luego mirando a los demás que parecían haber recibido orden de descanso—arriba grupo de vagos, ¡A correr!!!!…


- ¿Qué te pasó para que estés tan cansado?—preguntó al estar ambos solos en los vestidores.

- No es asunto tuyo, kitsune—contestó aunque sin el típico tono insultante—gracias por ayudarme a llegar aquí, ya no te pierdas del entrenamiento…

- Apenas te tienes de pié—susurró mirando como se apoyaba en los casilleros—¿peleaste?.

- Kitsune, desde  cuando tan conversador—musitó,  realmente tenía razón—maldición debí quedarme en casa…

- Déjame ayudarte—se le acercó y cuando la camiseta la levantó vió los rasguños en la piel de espalda y torso—pero…

- No solo peleando uno queda molido, kitsune—musitó algo irónico—ayúdame pero no preguntes, ok…

- Ok—contestó, le ayudó a vestirse con el uniforme, había visto en la piel del pelirrojo rasguños, moretones claros de dedos que había aferrado demasiado fuerte, hasta huellas de mordidas.

- Malditos bakas, cuando se les necesita no aparecen—musitó pensando en los chicos del Gumdam.

- Yo te ayudo a llegar a tu casa—dijo vistiéndose rápidamente, ¿Por qué estaba actuando así?, bien quizás porque por más que tratara de negarlo, ese estúpido pelirrojo le agradaba, mierda, a quien engañaba, agradar, le gustaba.

Caminó sujetado por el kitsune hasta llegar a su casa, en silencio, le pasó la llave para que abriera, ya adentro se dejó caer agotado en el sofá.


- Si tienes hambre, hay comida en la cocina, refrescos, lo que desees—señaló—o puedes volver al entrenamiento…

- Serviré algo para ambos—fue a la cocina, en verdad estaba bien surtida, sirvió dos grandes vasos de jugo de naranja y preparó unos emparedados, con todo en una bandeja volvió, se sentó en el piso alfombrado, apoyando la espalda en el sofá donde estaba tendido el pelirrojo, la bandeja en la mesa de centro—tienes analgésicos, debieras tomar…

- No, no es para tanto—contestó gimió al acomodarse para poder beber el jugo—solo me faltó un día para recuperarme…pregunta, sé que te mueres por saber…

- ¿Quién?—escuchó como suspiraba--¿Cómo?…

- Invertiré el orden  al responderte, kitsune—la mirada azul del kitsune esta fija en él, había interés y preocupación, tenía razón Haruko, actuaba muy  raro--¿Cómo?, sexo salvaje, creo que así le llaman,  un amante que te toma hasta que ya no das más y si,  veces aun cuando no das más…bueno ese es el caso de este fin de semana…

- Pe…--se mordió los labios, su pelirrojo, ¿su?, no, evidentemente no era suyo.

- ¿Quién?—bajó la mirada—un error, sabes, nunca me había fijado en un chico, ni siquiera se me pasaba por la cabeza, pero hace unos dos meses, fui a un club, bebí de mas y termine en su casa, sonreía como siempre, sus ojos brillaban intensos y…en algún momento estabamos desnudos y, ¡hey sexo salvaje!…el tensai dominado por unos ojos violeta…

- ¡Akira Sendo! ¡Ese maldito!—jadeó asombrado y a la vez herido--¿por qué le dejas a él?…¿Por qué él?…

- Porque supongo que siempre has tenido razón, soy un Do’aho, un estúpido Do’aho—sintió que las lágrimas purgaban por salir de sus ojos—porque aunque sé que es solo sexo, estoy siendo un débil que se deja llevar, que…--no pudo seguir porque su rostro fue atrapado por las manos del kitsune, y sobre sus labios estaban ya los de éste, abrió los ojos y se encontró con una mirada azul tan cargada de dolor y necesidad que cedió, dejó que esa lengua irrumpiera en su boca, y hubo placer, sí, no lo negaba, era increíble el placer de ese beso.

- Dime, que quieres dejarlo, dime que no le amas, que puedo ayudarte a dejarlo, que—volvió a besar con todo su ser al pelirrojo—por favor, dime que…

- No le amo… no sé si tengo fuerzas para dejarlo, no sé si me puedes ayudar…Kaede…--se sentía tan cálido ese abrazo, esos labios, esa mirada—estoy tan perdido, tan perdido…


Amanecía lentamente, se sentía tan cálido, entre abrió los ojos, la habitación era mucho más amplia que la suya, la luz entraba por un amplio ventanal, pero eso era superficial, lo intenso era encontrarse entre esos brazos, sentir esa piel pálida contra la suya, cálida y acogedora, ¿qué había de diferente con respecto a ese otro chico?, que no le había tomado, solo habían dormido juntos, luego de que sus bocas se cansaran de besar, que parecía haber algo más que deseo.


- Sigue durmiendo, aun es muy temprano—le musitó acariciándole el rostro, disfrutando de tenerle tan cerca, de que le mirara sin odio, con curiosidad y anhelo—duerme…


Suspiró y hundió el rostro en el pecho de Kaede, éste le acarició los hombros con suavidad, lo que hizo que volviera a dormir.

   

- Ayako, sé que no debí responderte del modo que lo hice, perdóname—se disculpaba estando frente a todo el equipo—yo te prometo que no volverá a suceder…

- Acepto tus disculpas, Hanamichi—dijo Ayako y le abrazó—te presioné, en eso tienes razón…

- Gracias, Ayako.


Tras estas disculpas  el entrenamiento volvió a desarrollarse con toda normalidad, bueno casi, aparentemente algo había cambiado entre los dos chicos problema del equipo, si bien seguían escuchándose “Do’aho” y “baka kitsune”, estos insultos ya no eran acompañados por golpes y sonaban más a amistad.

Terminada la practica del viernes, poco a poco iban saliendo del gimnasio, un chico sonriente estaba apoyado en la puerta, todos los que había ido a observar la practica, lo miraban con admiración y respeto, no se asombraban de que estuviera ahí, era común que se apareciera.

Miraba preocupado al pelirrojo, había compartido la cama toda la semana, pero sin llegar a intimar, salvo besos apasionados y algunas caricias, podía leer la confusión aun imperante en su interior, temía que por mucho que estuviera consciente que no recibía amor, que estaba al borde de un abismo, no fuera capaz de darse cuenta que él le amaba, claro, tampoco él había usado esa palabra, no aun…


- Vamos a Dannys, les parece—dijo entusiasta Ayako, dirigiéndose a Miyagi, Rukawa, Sakuragi y Mitsui, que eran los últimos en retirarse—hola, Sendoh…

- Hola, preciosa Ayako—saludó sonriendo, pero sus ojos estaban fijos en el pelirrojo que al verle se había detenido en seco, sabía perfectamente que había sido un poco más violento la última vez, pero ese monito pelirrojo era demasiado delicioso, le enloquecía escucharle gemir y sollozar—Sakuragi, vamos…

- Yo—vaciló, temblando, buena parte de si le empujaba a obedecer, sumiso, como un cordero que huele el peligro pero obedece igual, otra parte de sí gritaba no, no más, date una oportunidad. Avanzó unos pasos hacia Akira.

- Hanamichi no—por qué  su voz seguía escuchándose impersonal, cuando tenía tanto dentro de sí rogando por que no fuera. Los demás se habían detenido en la puerta y observaban algo curiosos y extrañados.

- Vamos, Rukawa, no te metas en esto—dijo con voz confiada, luego mirando al pelirrojo—vamos Hana-kun, ¡ahora!…--vió que el tono imperativo había surtido el efecto esperado, esos ojos se habían vuelto sumisos y obedientes, sonrió triunfante.


No se atrevía a mirar a Kaede, bajó la cabeza y avanzó acercándose a Akira, cuando estuvo a su alcance éste le asió fuertemente de un brazo, clavándole los dedos al punto que dolía.


- Hanamichi, no vayas—pidió y dando un par de pasos acercándoseles--¡te amo!…

- Me…¿amas?—repitió deteniéndose en seco y volteando a verle, esa mirada azul ardía, anhelante, los dedos en su brazo apretaron más, y odió ese agarre, bruscamente se deshizo de él—déjame, Sendoh—se soltó y salvo la distancia que lo separaba de Kaede, que le envolvió en sus brazos.

- Te amo—repitió estrechándole fuertemente en sus brazos,  Hanamichi sollozaba ahí acurrucado contra su cuerpo--¡vete Sendoh! ¡AHORA!…

- ¡Sakuragi, ven aquí!—ordenó  acercándose, pero Mitsui y Miyagi se interpusieron.

- Ya escuchaste Sendoh, ¡vete!—dijo Mitsui amenazante.

- Ya no eres bienvenido en esta escuela, Sendoh—dijo con voz amenazante Miyagi—lo digo como capitán del equipo, ¡vete!…

- Ok, ok, no vales la pena, pelirrojo—masculló saliendo.

- Y si tiene razón—levantó la mirada enfrentando la de Kaede—si no valgo la pena y…

- No digas eso, nunca digas eso—unió sus labios a esos temblorosos,  los saboreó, los acarició—vamos a casa…--enfrentó la mirada de sus compañeros, había aceptación—dejamos para otra tarde Dannys…

- Claro Rukawa—contestó Miyagi—ambos cuentan con nuestro apoyo…

 


- Kaede…perdóname—susurró temblando.

- No tengo nada que perdonarte—acababan de llegar a la casa de Hanamichi—mírame…te amo, hace tiempo debí decírtelo, nunca debí permitir que alguien más te tocara—hundió los dedos en los cabellos rojos a la vez que le acariciaba los labios con los suyos—ahora borraré toda huella de él en tu cuerpo y en tu alma, lo juro, Hanamichi, lo juro…

- Kaede—buscó por primera vez él en contacto con esos labios, deslizó sus manos temblorosas por debajo de la camisa, tocando esa piel tibia—posee mi cuerpo como ya posees mi corazón—susurró .

 


- ¡Un brindis por los egresados!—las copas se levantaron, habías hurras y risas en Dannys--¡otro brindis por las próximas estrellas del Baloncesto Europeo!—los brindis se sucedían, el equipo de Shohoku en pleno, más en Gumdam, estaban festejando, se reunían tres ex capitanes, Akagi, Miyagi y Rukawa--¡por Mitsui que triunfará en la NBA!…--risas y mas brindis, hasta que entrada la noche se empezaron a despedir.

- Bueno, tienen nuestro número en París, llámennos, ok—dijo sonriendo Rukawa, a la vez que abrazaba a Ayako y luego a Miyagi.

- Claro, Kaede, Hanamichi—dijo Ayako besándoles en las mejillas, luego ambas parejas se separaron.

- ¿Un taxi?—siempre caminaban a casa, el que Kaede parara un taxi le sorprendió.

- Hay cierto pelirrojo que quiero comerme luego—le susurró al oído, lo que tiño de un suave rubor las mejillas de su novio.


Entraron a la casa que compartían desde ya más de un año abrazados, estaban los muebles  cubiertos por sábanas, sin encender las luces, llegaron al dormitorio, las ropas quedaron sembradas por la alfombra al caer ambos desnudos en la amplia cama, cada centímetro de piel besado una y otra vez, las manos tocando con unción el cuerpo amado, entre suspiros compartidos.


- Te amo, te amo—repetía entre gemidos de placer, cada empuje de Kaede detonaba oleadas de placer absoluto, tocaba dentro de él puntos sensibles en extremo, con la habilidad de quien conoce plenamente a su pareja, acarició la espalda sudada, deslizó sus labios entre abiertos por el cuello largo, bebiendo las gotitas saladas de sudor—te amo…

- Hana—respondió sobre esa boca jadeante, lamiéndole los labios carnosos, atrapándolos en un mordisco suave, tan dentro de él como se podía estar, apretado y caliente, como solo era el interior de su pelirrojo, sentía que pronto estallaría inundándole con su semilla y estaba tan consciente que eso era lo que esperaba para a su vez estallar Hanamichi—te amo, mi hermoso pelirrojo…

- Kaedeeeeeeeeeeeeeee—gritó ya superado, ambos mojados, ambos aun abrazados en esa cama que los recibía por última vez—Kaede…


Besó las cejas y los párpados, disfrutando del aroma de los cabellos rojos, y de cómo se hacia un ovillo ese cuerpo contra el suyo—duerme gatito pelirrojo, mañana volaremos a París, y en unos  meses ya no podrás evitar ser mío ante la ley…

- Soy tuyo desde hace mucho tiempo, el acta de matrimonio solo es tinta y papel—susurró entre sueños—te amo zorrito.

 

Fin

 

Hip, primer HanaRu, porque como ya saben quienes me han leído antes, es la primera vez que esta es la pareja central de un relato, lo más cerca que antes había estado era un SenHanaRu…opiniones, como siempre a mi mail, y desde antes, perdón a las fans de Akira Sendoh, no es nada contra él, de hecho me más que simpatiza, *_~ 

 

Mickaelle, vam_sethis@hotmail.com